REPARTO DE MEDIOS Y FIN DE CRISIS


Llamadlo crisis, llamadlo tiempos difíciles, también podéis llamarlo pagar las consecuencias de la soberbia.
Pero la realidad es que el mundo que hemos construido se desmorona, no se mantiene a ningún nivel y esto no solo va a necesitar de reajustes económicos o de apretones de tuerca a las clases más débiles.
Quizá debamos dejar de mirarnos el ombligo y recapacitar, volver a la cordura.
¿Os imagináis a aquellos grandes luchadores por los derechos de la clase obrera encontrarse con el proletariado de hoy en día?
Dos coches que se cambiarán dentro de cuatro o a lo sumo cinco años, un piso en propiedad en la mejor zona posible que se venderá cuando suba de precio para acceder a otro más grande y mejor, una casa o piso de veraneo que se mantendrá cerrada a cal y canto todo el año para ser usada tres o cuatro semanas en los días de asueto.
Y todo esto financiado con uno o dos sueldos mileuristas y la hipoteca de por vida de dos o tres generaciones de una familia.
Tarde o temprano tendrían que darse cuenta de que esa situación es absolutamente insostenible.
Por otro lado, las grandes empresas, con el acicate de una enorme masa de población consumiendo como bestias, una población insaciable de bienes y servicios, se lanzaron a una producción masiva y despiadada.
Depredación enloquecida contra el medio ambiente que les ha llevado al casi agotamiento de la producción primaria, a la acumulación de stocks y a un enriquecimiento tan brutal que los mismos estados se ven en serias dificultades para mantener el nivel de riqueza de esas corporaciones, empresas y empresarios.
Simplemente los estados no pueden crear la moneda suficiente para satisfacer las exigencias de empresas que generan dos, tres o cuatro veces el producto interior bruto del país.
Y esta es la situación actual, la de saturación técnica.
La paralización productiva, no solo es inevitable, ya es un hecho; la empresas tienen las campas llenas de stock y se ven abocadas al cierre, no pueden producir dado que no venden.
Al cerrar ese stock no podrá ser consumido pues los ingresos de la masa consumista, de pronto pasan a ser cero.
Los estados se asustan, no quieren perder ese estado de privilegio constante, el lujo asiático en el que se han movido durante lustros así que recortan el gasto social.
Este nuevo golpe a esa masa consumista que ha llevado el país en volandas durante años es demoledor; pasan de ser clase media acomodada a clase baja en apuros y ahora a la indigencia.
Esta hecatombe sigue estrangulando al país, ese enorme capital que las empresas han amasado durante los buenos tiempos de pronto pone su mirada en el extranjero, huye sin vergüenza ninguna y sin objeciones por parte del gobierno a países que tienen una legislación inhumana en asuntos laborales, a países donde por el precio de un español trabajan diez obreros y a países donde las exigencias en asuntos medioambientales son cero.
Es el golpe de gracia, la puntilla para un país devorado y agotado por el sistema consumista del neoliberalismo capitalista.
El sistema de no reparar, el sistema de tirar lo que no sirve y comprar nuevo, el sistema que nos convierte en un juguete inútil que se va a ir a la basura en breve.
La solución a este problema es bien sencilla: La guerra.
Históricamente cuando las naciones llegan a esta situación, como sistema de regulación natural, echan manos de las armas y reclaman lo que consideran suyo.
Unos luchan por el pan y otros por la riqueza, al final el que más sangra pierde.
O bien un estado valiente congela las cuentas de esas grandes empresas, recupera el dinero y la riqueza para el país, mete en la cárcel a los explotadores y empieza un nuevo reparto de bienes y servicios.
No es el caso de España, el gobierno español se ha alineado sin condiciones a la banca y a la gran empresa y el empobrecimiento del pueblo se acentúa día a día en progresión geométrica.
Hoy por hoy hemos de asumir lo bueno y lo malo de la situación; la parte de la que somos culpables y la parte que nos han cargado a la espalda sin comerlo ni beberlo.
Es necesario reconducir esas cantidades inmensas de riqueza que atesoran dos o tres empresas en España, tomar ese dinero y prejubilar gente hasta que se compense el número de parados.
Me explico: si hay cinco millones de parados, se debe jubilar a los cinco millones de personas de más edad en activo y meter en los centros de producción a la gente más joven o necesitada.
¿Locura?, ni mucho menos, son precisamente ellos los que van a tirar del carro; sin ellos ningún invento político será viable, ninguna mentira electoral será creíble.
Y hemos de ser conscientes de que la casita en el pueblo se terminó, que los dos coches en casa se terminaron y que hay lujos sin los cuales podemos pasar.
En los hogares en los que entren dos salarios tendrán que elegir; uno de los cónyuges trabaja fuera y el otro trabaja en casa, la elección queda en el ámbito familiar.
La realidad es que hay que repartir más y mejor; y hay que empezar ya.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s