LOS AMANTES DEL RECTORADO BORLEY


Ella era la hija callada y hacendosa de un matrimonio pudiente, la niña mimada a la que no encontraron un marido más a su altura que el mismísimo Dios del cielo.
Amor, a todas luces, preñado de sinsabores pues de todos es sabido que el terrible dios de los judíos no es un tipo especialmente cariñoso ni poseedor de un reseñable don de gentes, al contrario, sus exigencias eran tan bestiales y sus correspondencias tan exiguas que la flor de su juventud se marchitaba diez veces más rápida cada vez que reparaba en el grueso de los muros del convento, en la distancia pétrea que la separaba de la luz.
Pero a veces, Dios gusta de ensañarse con los inocentes y apetece de invitar a su hermano Satán a jugar un poco con aquellas divertidas mascotas.
Solo tuvieron que extender un dedo, para que el destino se inventase un amor despiadado, un amor nacido para la destrucción y la condena de los amantes, quiso ese destino que se cruzase con aquel joven monje y que su carne desease rescindir el el contrato que sus padres habían urdido a espaldas de ella con aquel par de bestias que se regocijaban de su pena.
El joven acólito del rectorado Borley sintió el fuego de la pasión devorar todos los años dedicados al estudio y a la entrega incondicional a su congregación en tan solo un segundo, tiempo en el cual su mirada y la de aquella hermosa joven osaron sostener aquel fortuito encuentro.
Las paredes del rectorado fueron cómplices y confidentes de los amoríos, vivieron su apasionado romance y fueron el punto de partida desde el que intentaron huir.
Eran otros tiempos, eran los tiempos en los que bajo los hábitos descansaban afilados aceros tan duros como el corazón del hombre que los blandía; eran los tiempos en los que uno no podía abandonar una institución como la iglesia sin pagar las consecuencias.
La formidable maquinaria eclesiástica se puso en movimiento y la pareja, ambos, fueron apresados.
El castigo ejemplar, un mensaje para navegantes que ningún corazón enervado debería ignorar; la crueldad de los hombres de Dios solo podía ser superada en aquellos tiempos por aquel que fue fuente de todo aquel mal; el mismísimo Dios que compartía la diversión con el Diablo.
Al joven monje directamente le decapitaron, con ella no tuvieron tanta compasión como para darle una muerte rápida, a ella le demostraron cuanto amor ha derramado sobre la mujer la iglesia de cristo, ella conoció de primera mano lo que es ser odiada por nacer con una vagina; a ella la condenaron a morir lenta, dolorosa y largamente, la emparedaron en los muros del rectorado.
Desde entonces una figura fantasmal vestida con hábitos religiosos deja oír sus pasos por el vetusto piso de madera de la rectoría, hace sonar las campanillas y los timbres, las llaves giran en sus cerraduras y caen mientras carros de caballos pasan por delante de las ventanas en un paraje desierto.
Hasta que un día, quizá harta de su calvario, de no descansar en paz, deslizó una nota de su mundo de sombras al nuestro escrito de su piño y letra en el que decía “Esta casa será pasto de las llamas”.
El 27 de febrero de 1939, una lámpara de aceite se estrelló contra el suelo de forma inexplicable, las llamas se extendieron rápidamente por el inmueble y el fuego devoró toda la mansión.
Entre los escombros del edificio, descubrieron restos óseos.
Descansa en paz pequeña, tu amor y tu ahora estáis juntos.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s