NADA QUE UNA CAIPIRINHA NO PUEDA CONSOLAR


Me encontré casi sin ser consciente de ello en México lindo, fui testigo de su naturaleza exultante.
Maravillosa explosión de vida inconsciente, ignorante de ser herida de muerte, ajena a las profundas cicatrices de cinco estrellas que destruyen vida para solaz grosero de los hombres.
Y si, me sentí afortunado de tal despliegue de destrucción dispuesto a mis pies concebido hasta en el mínimo detalle para que yo y otros muchos como yo disfrutemos de unos días de merecido descanso.
Y sí, por supuesto que si, reconforté mi alma con unos trozos de banana hábilmente repartidos entre varias iguanas, imponentes lagartos que contemplan impertérritas e incrédulas los espacios abiertos por el hombre, como si en un parpadeo hubiesen sido desposeídas de sus casas, de sus ríos, de la suculenta dicha de los frutos de su reino.
No hay mayor consuelo que el que se propicia uno a si mismo, sobre todo cuando la mala conciencia pesa.
Y aquí estoy dirigiéndome a vosotros y contribuyendo a que en un lugar de la selva mexicana una empresa como esta, sino la misma, arranque otro mordisco de la garganta de la selva mexicana, eso sí, magníficamente acompañado por mi pareja y sendas caipirinhas.
Me asaltan unas dudas.
En estos tiempos locos en los que las potencias agresivas se están quedando sin enemigos a los que desposeer de sus recursos naturales.
En estos tiempos en los que los últimos rincones generadores de vida son cada vez más pequeños.
¿Qué ocurrirá cuando México agote sus selvas, dónde iremos a tumbarnos al sol?
¿Qué solución encontraremos cuando Brasil agote su selva amazónica, adonde irán los opulentos europeos a pasear sus ganas de sexo fácil y barato?
Y por último.
Cuando Venezuela encharque de petróleo las cuencas del Orinoco ¿qué nos quedará?
¿Qué será de nosotros cuando por fin venzamos a los últimos rincones del planeta capaces de regenerar la vida?
¿Buscaremos el último árbol del planeta para cobijarnos bajo su sombra?
Seguro que sí, seguro que habrá una grandísima estructura turística a sus pies, pero tan seguro como esto es que una inmobiliaria ambicionará el suelo donde nace, una carretera tendrá su trazado justo por encima suyo, una empresa de muebles habrá puesto los ojos en su cuerpo y nosotros habremos quemado, picado, orinado, contaminado y cortado cualquier parte de su ser que haya estado a nuestro alcance.
Como dijo el escorpión a la rana, “somos así”, y del mismo modo que el díscolo arácnido, nos ahogaremos por nuestras malas costumbres.
Es lo que hay, pero a día de hoy, no es nada que una caipirinha bien fresquita no pueda consolar, mañana será otro día.

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