UN LUGAR DE ENSUEÑO


Me encontré en un lugar de ensueño, un pedazo del paraíso en la tierra en el que el sol es más brillante y en el que el verde de la selva es más intenso.
Una tierra en la que el mar explota de vida, de amables tonos azules y turquesas; una tierra en la que la mirada de sus gentes luce más dulce y atenta de lo acostumbrado en el resto del planeta.
un sitio pensado y materializado para que todos aquellos privilegiados que paseen por sus corredores y por sus jardines, por todos aquellos hermosos espacios, encuentren la felicidad sin más esfuerzo que el necesario para sentarse a compartir un tequila.
Y por sus rincones pululan rutilantes anillos, metáforas doradas de un amor transformado en hechos, en espectativas, en ilusiones compartidas que germinaron apenas un par de días antes de tomar tierra dentro del estómago de un monstruo volador.
Uno podía llegar a pensar en lo fácil que resulta amar allí que todas aquellas felices casualidades harían del recinto todo un templo a la alegría en el que no caben las incertidumbres y donde los temores pierden absolutamente su contexto.
Pero el ser humano necesita de la tristeza para medir la intensidad de cada momento alegre.
Ponerse a prueba.
Ensombrecían aquellos cielos las alas de los cuervos.
No eran nubes de tormenta, que las hubo; ni noches oscuras, que acudieron puntualmente a su cita cotidiana.
De pronto me encontré sin darme cuenta en un lugar extraño en el que las mujeres fruncían sus labios en una delgada línea blanca y los hombres resoplaban más de hastío que del húmedo calor que lo empapa todo.
Sin sonrisas de miel, las miradas se perdían a borbotones en ninguna parte y de tal modo todo parece un poco menos verdad, todo se hunde un poco en el amargor de la realidad que tras los ardores de la pasión se hace extensa.
Quizá no hay bastante amor, quizá no saben por dónde empezar, quizá dejan demasiado equipaje en el camino o quizá son muchos los fantasmas que se ciernen sobre sus almas.
La realidad es que inician una existencia en común ella al norte; el al sur y la vida que no da ninguna facilidad para encontrar las respuestas que están necesitando y no saben con cuanta desesperación.
Y esta es la grandeza de lugares como este, que cumplen con su cometido de forma silenciosa pero eficaz.
Ponen tantas oportunidades delante de las personas a lo largo del día para arrancar una sonrisa de sus labios, que es imposible contener el deseo de compartir alguna con la persona más cercana, con la persona que ha decidido compartir el resto de sus días con uno y que en este preciso instante se plantea si hizo lo correcto.
Este es el valor de la luna de miel, el empujón, ese pequeño impulso y esas primeras vivencias que servirán de ganzúa para hacer saltar los cerrojos cuando todas las puertas se cierren.
Una sonrisa, una noche de amor y un trago de tequila.
Hablamos de México amigo.

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