NUESTRA POSICIÓN


Intentando recapacitar sobre la posición de este país en el mundo, me pregunto sobre la riqueza de las naciones, las cosas que hacen que un país salga adelante y crezca económicamente.
Hay unos que lo tienen todo regalado, países con unos recursos naturales descomunales y que solo han de esperar a que el resto del planeta clave la rodilla en su puerta y pague por ellos.
Obviamente España no entra en este tipo de nación; no hay gas, no hay petróleo y nuestra enorme flota pesquera faena en aguas ajenas ya que en las nuestras no quedan ya ni raspas.
Hay otros países que han optado por explotar la tecnología, copian, mejoran, crean, investigan; centran todos sus esfuerzos en innovar tecnologicamente y hacer de ello su recurso activo más importante.
Esto queda en manos de Asia y es patente que España tampoco pertenece a este grupo; España desprecia a sus investigadores, se vanagloria de su ignorancia, se inventa sus glorias y se alimenta de su mediocridad.
Si un investigador medico encuentra una cura, una ministra le expulsa de su puesto; si un joven descubre un sistema innovador ha de irse a Rusia para ser escuchado y el primer recorte presupuestario lo hacen nuestros gobernantes precisamente a I+D y a la enseñanza.
Otra de las opciones es la de explotar el legado del pasado, proteger y rehabilitar la herencia histórica para sacar un partido económico de ello.
Aquí hay mucho que decir, pretendemos ser una potencia al respecto, pero no es cierto.
Si comparamos nuestro tesoro histórico con lo que podría ser, la conclusión, una vez más, es que tampoco podemos jactarnos de esto.
Constructoras que silencian y tapan a base de hormigón yacimientos enteros; ministerios que no invierten un solo euro en investigar hechos históricos y que después nos ponen en ridículo reclamando los hallazgos que otros han hecho y que quedarán disponibles para coleccionistas privados.
Y un sistema político y social basado en alimentar odios fundamentados en una historia tan manipulada, tan tergiversada y enredada que a día de hoy somos una enorme mentira histórica sujeta a caprichos de dementes.
¿Qué nos queda?
Sí, el sempiterno turismo.
Nuestro recurso por excelencia, ese mismo que las constructoras están destruyendo pasándose la ley de costas por el forro, que las fábricas dilapidan con vertidos tóxicos en nuestros ríos y que el Estado destruye a base de concesiones impunes y oportunos giros de cabeza.
Tampoco hay que volverse loco con esto; España era un destino turístico cuando salían las cuentas, pero hoy en día el sector ha tenido que bajarse los pantalones y mucho para mantener las cifras de visitas.
Aceptamos turismo de fin de semana, de oleadas de hooligans en coma etílico destrozando mobiliario público y destrozándose la columna vertebral saltando desde los balcones.

Esta es la realidad, España cada día es menos atractiva, menos apetecible y mientras que otros países se aplican el cuento y ajustan precios y servicios, aquí cobramos hasta cuatro euros por una caña y nueve por un combinado.
Y en este panorama ¿qué se les ocurre a nuestros ministros?
Exacto, censurar las noticias que se emiten por la televisión pública.
Toda una declaración de intenciones.
Recordad, el 20N votaréis si habrá sanidad pública para nuestras familias, si habrá educación pública para nuestros hijos, si tendremos censura en los medios de comunicación; o si por el contrario, echamos a esa recua de acémilas y para variar empezamos a hacer algo razonable con nuestra castigada tierra.

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