DEMASIADOS BOGAVANTES, DEMASIADOS RODABALLOS


Se me saltaban las lágrimas escuchando a su majestad desplegar su paternal comprensión sobre nosotros, pobres mortales que viven con especial crudeza los rigores de la crisis.
Ante su menú a base de bogavante y rodaballo, se le veía notoriamente afectado por todos esos hombres que tendrán que remar en la misma dirección para conseguir que esta sufrida España vuelva a crecer.
Lo que no tengo muy claro, es la dirección a la que su campechana majestad se refería.
Creo que un tipo con tan poco don de palabra ha de ser malditamente listo o rematadamente tonto como para mantenerse en ese limbo poltronero que disfruta sin levantar suspicaces envidias entre los cerdos de su cuadra adyacente.
Así que le voy a dar el don de la duda y voy a pensar que tiene un criterio, voy a pensar que sabe a lo que se refiere cuando dice eso de que todos debemos remar en una misma dirección.
Lo que ya me da miedo es pensar qué dirección tiene el motorista enmascarado de la M30 en mente.
Quisiera creer que piensa en una nueva clase política para que ocupe el puesto de los traidores.
Nuevas personas, nuevas ideas, nuevas formas más lógicas y valientes de ver la vida y de abordar los principales problemas que nos esclavizan a la miseria.
Sería estupendo que lo primero que hiciese con su remo fuese enviar al paro a todos los que comieron rodaballo en esa mesa seguidos muy de cerca por los que comieron bogavante.
Para acto seguido en una lección de dignidad que dejaría epatados a propios y extraños dimitir e irse con viento fresco.
Muchas cosas sobran en este país.
Demasiadas comunidades autónomas sin referente histórico, pero ellos quitan la sanidad pública.
Demasiada banca privada que especula con nuestro dinero y que devora el fruto de nuestro trabajo, pero ellos quitan la enseñanza pública.
Demasiados políticos corruptos; inútiles e inoperantes; simples delincuentes; rateros y carteristas; pero ellos venden las empresas públicas rentables a sus amigos.
Demasiados privilegiados, demasiados sueldos vitalicios, demasiadas prebendas que suman ya una losa descomunal en nuestras espaldas, pero ellos flexibilizan el despido y hacen el trabajo cada día más precario.
Demasiados rodaballos y demasiados bogavantes presidiendo los foros de discusión, pero ellos siguen destruyendo el empleo y enviando familias enteras a la indigencia.
Si yo fuese político y desease acceder a la presidencia del Estado, si quisiese ser alternativa a la alternancia bipartidista, dirigiría mis pasos en ese sentido.
Buscaría nuevas fórmulas, nuevos aliados, nuevas ideas.
Estoy seguro de que aparecerían firmes compañeros de viaje e incluso socios inesperados.
Es posible un mundo mejor, un mundo que se reuna alrededor de una cerveza y hable, sin bogavantes ni rodaballos, sin vetos ni prohibiciones.
Nolesvotes.

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