OLVIDAR LOS SUEÑOS


Puestos a ser malos, imaginemos poder estar en el asiento trasero del coche de tu persona más deseada.
Ser testigo invisible de los acontecimientos que desembocan en una dolorosa ruptura.
estar allí el mismo día, en el mismo instante en que su insoportable pareja deja caer la gota que colma el vaso y le espeta en su cara el por qué de su fracaso, ese instante en el que tu rival desconocido pasa a ser historia.
Deliciosa victoria ficticia con todos los ingredientes necesarios, con todos los aderezos para que tu duro corazón pueda hacer de un momento amargo el trago más dulce.
Despertarías pensando que este va a ser un gran día, que tienes las claves para derrumbar sus defensas; qué demonios le darás todo lo que reclama al olvido, lo pondrás a sus pies y tus brazos ya nunca más se cerrarán en torno al vacío.
Con aquellas lágrimas enrojeciendo sus ojos; con sus manos abiertas, tendidas reclamando cariño; con el reproche en la boca exigiendo comprensión siempre presentes en tus retinas abordas el día más importante de tu vida.
Solo dudas ante la sonrisa amarga añorando complicidad mientras su hasta entonces, media naranja observa y calla.
Dudas porque ves su amor, su entrega hacia esa persona insensata que va a dejar escapar el ser por cuyo aliento suspiras, dudas porque te parece imposible despertar esa entrega en nadie, nunca.
Y maldita sea la persona tan idiota que no encuentra palabras.
Pero tu si, tu estas presente allí y asimilas cada uno de todos aquellos detalles como si de diamantes tallados se tratase, pues esos conocimientos se utilizan y se lucen del mismo modo que las piedras más preciosas.
Despiertas, hoy te levantas con ganas de robar un beso, de regalar una sonrisa y de invitarte a una copa; dime ¿cual de tus tres intenciones te parece más ardua?
¿Cual va a exigir más energía de tu espíritu?
No te preocupes, no vas a necesitar gastar ni un gramo de fuerza, la vida circula por si misma y encauza los acontecimientos a su propio albedrío.
Por eso sueñas las cosas que sueñas; por eso los sueños, sueños son; porque la realidad a veces frustra y duele y despertar es la peor misión de tu vida.
Es al despertar cuando sientes que no quieres un beso cualquiera, que eres de sonrisas tímidas y que tus bolsillos están más vacíos que la parte de atrás del coche de tu amor.
Despiertas y te das cuenta de que nunca estuviste allí, despiertas y recuerdas que esa persona despierta con esa otra persona predilecta a su lado, esa persona que no eres tu.
Aquí es donde los sueños se convierten en un fastidio, porque cuando sueñas en desastres, los muy cabrones tienen la querencia de cumplirse.
Lo bueno es que al despertar te olvidas de la mitad, al levantarte de una cuarta parte más, al mear de un octavo y al rascarte tus partes el sueño deja de existir definitivamente, la maravillosa ventaja de nacer humano es precisamente esa, poder olvidar los sueños.

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