BORRASCAS PASAJERAS


La tormenta viene del cielo y se alimenta del mar.
Crece hasta tomar el poder necesario para llegar a la tierra de los hombres.
Se acerca de puntillas, en la más absoluta y traicionera calma.
Entonces, de pronto, todo enloquece; el cielo cae sobre nuestras cabezas, el agua se hace hielo y el suelo se transforma en ríos de barro que atrapan los pies y las alas de los insensatos.
A la hora de desaparecer ya satisfechos todos sus instintos, pasado el berrinche, se va de espaldas, sin perdernos de vista.
Como si tuviese algo que temer de estos simples organismos mortales.
Durante su furia nos hace sentir pequeños, insignificantes y frágiles bajo las inclemencias brutales de su poder.
Y solo cuando ha barrido el calor, la suciedad y la inmundicia se retira de nuevo a los cielos con una sonrisa ladeada y una extraña sensación de paz en nuestras entrañas.
Es una pregunta que siempre me he hecho.
¿De dónde viene esa sensación de serenidad que nos lleva a mirar por las ventanas con nostalgia o a apoyarnos en las puertas de nuestras casas a leer entre las piedras su mensaje?
¿Nunca habéis suspirado profundamente tras la tormenta?
Qué decir del amor, ante su fuerza no somos más que árboles indefensos a merced del rayo devastador.
Uno no se entera de lo que pasa hasta que ya es demasiado tarde, el destrozo ya está hecho y una vez que llega, la vida ya nunca volverá a ser igual.
Y al marcharse, no hay dolor, no hay esa sensación sangrante que tanto cantan los poetas.
Solo un vacío que te lleva a estar más a gusto en cualquier lugar del planeta excepto a su lado, lejos de su olor, lejos de la nube que inspiró la borrasca pasajera.
Toda una vida dedicados a ser importantes, a ser notables entre grandes hombres y resulta que si ha de ser algo así en tu existencia, eso será en silencio, sin estruendos, sin luces ni sombras.
Hasta que un día tu excelencia y tu desapareceréis sin dejar más recuerdo que dos palabras escritas, cantadas o pintadas.
Siempre habrá rayos y centellas; truenos y estruendo; momentos de furia y de calma.
Pero eso solo ocurrirá cuando tu pulso tiemble, cuando pierdas el control sobre tus pasos y te abandones a las carreras locas.
Somos tormenta, somos rayos y silencios y como tales, como todas las cosas importantes de la vida, abordamos el corazón de las personas a las que enamoramos camuflados en actos de meridiana sencillez.
El arte de la vida, el momento de verdad genial dentro del juego de la vida es ese instante en el que encontramos la palabra, el gesto, la sonrisa perfectos para iniciar la metamorfosis que nos llevará de ser uno más a ser el único.
Disfrutar de esos momentos en toda su magnitud, en la belleza de sus tempos comedidos es el regalo más bello que la vida ha dado a los hombres.
Sentir esa aceleración arrítmica de la frecuencia cardíaca y gritar de alegría la primera vez que sus ojos reparan en los tuyos.
Experimentar la sudoración incontrolada de las manos y darte cuenta de que solo te pasa ante su presencia.
Reconocer en la sequedad de tu boca que estas tocado de muerte y que nunca, nunca, nunca volverás a ser el mismo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s