VIVA EL VINO


El Diablo aburrido no tenía nada que hacer, entonces se puso a espantar políticos imbéciles con el rabo, y lo que es peor, a esparcirlos por el mundo.
Es lo que tiene ser el malo de los malos, el señor de los infiernos, que no hay compasión ni sentimiento noble alguno; que se tiene muy mala leche y no sale nada bueno de ahí.
Mira que llevo horas dándole vueltas a esto, desde que leí la noticia no he podido dejar de pensarlo, y de reírme, que todo hay que decirlo, lo malo es que como me lo piense un poco lo mismo me echo a llorar, que bien pensado no tiene gracia ninguna.
Resulta que ahora los políticos son los que deciden que alimentos se incluyen en la dieta mediterránea y cuales no; y resulta que se lo consultan al mayor experto nutricionista del mundo: Dios.
Y lo que ya es rizar el rizo, definen los conceptos y requisitos para que sean implementados o no en nuestro régimen alimenticio.
Atentos al despropósito que esto ya es el triple mortal con tirabuzón y picado.
A partir de ahora, el vino ya no forma parte de la dieta mediterránea, y es que ese hoy odioso brebaje otrora néctar de dioses y bálsamo de males incurables, resulta que hiere la sensibilidad religiosa de la creciente población musulmana tanto como me hiere a mi su manía de comer todo con las manos, pero mi opinión no cuenta, la suya sí.
Y yo que pensaba que con esto de la irrupción de las culturas anglosajonas ocultaría nuestro tradicional caldito bajo litros y litros de refrescos azucarados en lata, nuestro jamoncito pata negra bajo toneladas de carnes de calidades infames trituradas y aplastadas, nuestra morcilla bajo kilómetros de salchichas de zurullo de vacuno; y resulta que lo que acabaría con nuestra gastronomía iban a ser los políticos españoles que todo lo que tocan lo enmierdan.
Y digo yo, que ya que eliminamos el vino de la dieta mediterránea por “respeto” a los musulmanes; podemos seguir “respetando” su respetuosa cultura y adoptar la lapidación a la mujer como castigo por dejarse violar y perder la virginidad antes de casarse o qué decir de tan rancia tradición como la amputación del clítoris a las niñas que tan buenos resultados sanitarios ha dado, sobre todo para la propagación de infecciones bestiales.
Puestos a respetar, ya se cargaron el jamón porque judíos y árabes lo repudia por motivos religiosos y es que no hay nadie como Javeh o Alá para decir si se puede o no comer algo, nada somos comparados con ellos, nosotros que “solo” tenemos a los mejores cocineros y la cocina más rica del mundo.
Pero claro, ahora las tribus chinas que no toman lácteos o las hindúes que no comen carne de vacuno también tendrán algo que decir.
Voy a dejar de dar ideas, porque con tanto retrasado mental en los magisterios, terminaremos tomando sopas de aire y bocadillos de nada; y esto con el beneplácito de unos “expertos” estúpidos y de una Sra. Ministra que les apoya y da su bendición. 
Qué más da que esta majadería vaya en contra de uno de los productos estrella de nuestra industria agropecuaria, que más da que este delirio entre en conflicto directo contra nuestros intereses, qué más da que sea una mentira y una desfachatez, si aquí lo que importa es dejarse ver como sea, aunque sea haciendo el ridículo más espantoso, para seguir trincando a nuestra costa.
Cabe hacer el apunte de que jamás se debe recomendar a una persona que no beba que lo haga, al contrario; a quien beba, le deberemos recomendar siempre una saludable moderación.
Claro que también se recomienda un consumo moderado de mariscos, y no por eso los excluiremos de la dieta gallega.
Y esta señores mios es la gilipollez del día; la gilipollez de lo políticamente correcto; la gilipollez que demuestra lo bajo que ha caído la credibilidad de un organismo que hace unos pocos días recomendaba el consumo moderado de vino y cerveza para acompañar una buena comida mediterránea, para más inri.

Señores políticos, ministrejos y demás lacras sociales; la mejor forma de respetar al pueblo musulmán, es desde el amor propio, desde el orgullo de un pueblo que hace las cosas bien y que disfruta de ello y que lo comparte con generosidad.
Si mostramos ese desprecio hacia nosotros mismos, si nos tratamos a nosotros mismos con semejante desvergüenza, al inmigrante le estaremos dando cuadra en vez de casa.
Hemos de abrir los brazos, por supuesto, pero también hemos de expresar que ellos son los que han venido a un país extranjero con sus propias leyes y sus propias costumbres y que han de ceñirse escrupulosamente a ellas.

Como nos ha tocado a nosotros hacer siempre que hemos tenido el placer o la obligación de cruzar nuestras fronteras; lo se de buena tinta, de primera mano.
¿Os imagináis al gobierno japonés perdonando la vida al cuasi extinto atún rojo porque le moleste a la colectividad española en su tierra?
¿Os imagináis a los daneses perdonando la vida a los delfines calderones en las Islas Feroe por esa misma razón?
Pues apliquémonos el cuento y dejémonos de idioteces, esto es España, tierra de vino y de jamón y al que le guste bien, bienvenido; y al que no, pues también bien, tanta paz te lleves como gloria dejas, puerta.
Viva el Vino.

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