DE LUNAS Y CRUCES


Y puestos a soñar con aquella idea de una Unión Mediterránea, llegan los primeros escollos.
Empezamos por los más de quinientos años de adoctrinamiento  sistemático y dogmático que, como mínimo, nos llevan a recelar a los de una orilla de los de la otra.
Difícil comunión entre dos comunidades que confiesan abiertamente sus malas relaciones así como las pocas o ningunas ganas de establecer caminos que acerquen posiciones.
Bien sea por una dosis letal de ignorancia convertida en poder; bien sea por envenenamiento a base de informativo dogmático y sesgado que no ve que la paz y la armonía sean noticia.
Para los musulmanes, los occidentales somos sobre todo egoístas y arrogantes, mientras que para nosotros, los musulmanes son fundamentalmente fanáticos y violentos.
Ellos nos responsabilizan de la pobreza de sus pueblos y nosotros allá donde vemos un árabe vemos problemas y mujeres maltratadas.
Ellos que saben lo que dicen, nos tienen como razón primaria de su falta de desarrollo y nosotros, que sabemos de estas cosas, lo achacamos a la corrupción de sus gobiernos.
Condenan nuestro laicismo, nuestra carencia de contenido religioso, y por contrapartida eso de la religiosidad teocrática para nosotros no es más que otra interpretación errada que nace de la falta de educación y del fundamentalismo islámico.
Y seguir con esta historia no nos va a llevar a otro lugar más acogedor que el que nos rodea.
Ya tenemos sobradamente sabido que hay cosas que nos separan, que somos culturas históricamente antagonistas y de difícil amalgama.
Pero nada es imposible, así que las preguntas que cabe hacerse son ¿cómo cambiar esto? ¿qué he de hacer para poder ser libremente yo sin que te sientas ofendido?
Mi intención es que de ahora en adelante dejen de ver mis actos como una falta de respeto y que dejen de interpretar mis risas como una muestra del desprecio de Occidente hacia la religión que profesan.
Sería buena cosa, que ellos hicieran algo para que nosotros dejemos de ver en sus usos el fanatismo y la intolerancia de los musulmanes hacia todo lo que existe y que no está escrito en un Corán.
Estoy seguro de que es posible y es una responsabilidad que recae sobre unas espaldas bien definidas, es un peso con el que habrán de cargar los islamistas europeos.
Son hijos de África nacidos en Europa, ¿quién sino?
Ellos han de enseñarnos a cristalizar esta idea, a salvar el primer escollo para la gran promesa mediterránea.
Haremos de nuestro lugar en el mundo algo mucho más grande que un foco de murmuraciones, algo mucho más luminoso que un conato de ira ladrando maldiciones a la bruma del mar.
Ellos nos enseñarán a unos y a otros a reconocer en el vecino de otra religión la tolerancia, la generosidad y el respeto a hombres y mujeres por igual.
Y que es posible la democracia más allá de lunas y cruces.

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