BOTELLECES


La alcaldesa de Madrid, afamada experta en hibridación hortofrutícola, ha demostrado que para medrar en este país no debemos desperdiciar nuestro valioso tiempo estudiando o trabajando por nuestro salario.
Lo más acertado es casarse con alguien influyente, a poder ser de diferente sexo no nos vaya a nacer un rábanito, y así por por muy pocas luces que se tenga se puede llegar lejos, no, lo siguiente.
La idea no es mala, de hecho creo que es una gran idea, sobre todo una idea muy de derechas.
Encontrar lo más normal del mundo deshacerse de esa caterva de malditos asalariados y tratar de utilizar a los comprometidos, bienintencionados y gratuitos voluntarios.
Seguro que algún ministro zapaterista se preguntó.
_Maldita sea, ¿cómo no se me ocurrió a mi?_.
A la pobre mujer se la ve sinceramente compungida, es normal, han dado concesiones a los amigos para construir edificios y equipaciones de todo tipo con la excusa del imperioso bien municipal, que ahora dejarlos como el aeropuerto de Ciudad Real se le hace antiestético a la buena señora.
Y de ahí a pensar que sería genial contar con una nutrida bolsa de trabajadores gratuítos sería una idea estupenda, chic, y económicamente viable.
Es más, podían los voluntarios, de paso, pagar también a escote la luz, el agua, el teléfono, el wifi y los happenings promocionales.
Los puestos fijos y profesionales quedarían siempre a cargo de gente amiga y de confianza que con unos sueldos de entre doce mil y veinte mil euros mensuales, se encargarían de las siempre ingratas labores de gestión.
Es decir, llevárselo calentito y aligerar la registradora.
Luego, el pueblo de Madrid se pregunta por qué narices nunca les dan las olimpiadas.
Pues señores, es muy simple, no se las dan porque se empeñan en votar a una panda de perturbados que se creen que las calles son para que las empresas de sus amigos paseen una y otra vez sus máquinas, que piensan que los obreros al salir de trabajar no tenemos otra cosa mejor que hacer que ir a gestionar bibliotecas gratis.
A esta estupenda idea, nuestra gestionatriz estrella la llama “Nuevo modelo de gestión participativo con la ciudadanía”.
Ya tuene su eslogan y todo: “Allá donde la administración no llegue, pedimos la colaboración ciudadana”!.
Lo malo de un tonto diciendo tonterías, muy grande lo tuyo Forrest, es que llega un momento y se puede llegar a sentir investido de razón, como si estuviese descubriendo la solución al mismísimo nudo gordiano.
Entonces Anita, la de las manzanas, se viene arriba y va más allá, olvida sus peras y de pronto todo se detiene a su alrededor; su neurona gestora ha logrado parir una nueva idea estupenda.
No solo utilizar a los voluntarios en los servicios culturales, ese cúmulo de gastos inútiles, sino que además pueden terminar siendo una opción estupenda y gratuita a las carísimas cuadrillas de empleados del ayuntamiento que salario a salario están diezmando la imagen chic fabulosa de la Capi.
Así que todas esas gentes de bien que son voluntarios para algo, cuando salgan de su trabajo, si lo tienen, en vez de ir a su casa, si la tienen, cojan su coche, si lo tienen, y acudan raudos a la biblioteca más cercana a ordenar y alquilar libros, si los tienen.
Y si eso no satisface su fiebre cívico solidaria, coja usted una escoba y una pala, eso fijo que lo tienen, y vaya usted a recoger cagarrutas de perro a la zona dónde la alcaldesa pasea a sus caniches lamecoños.
Lo que sea por sacar en volandas al país de esta crisis económica generalizada, este secano pecuniario que constriñe las finanzas municipales de los madrileños.
Hay que ser consciente de que en esta situación hemos de arrimar el hombro todos y según palabras textuales de Ana la alcaldesa, esa gran botánica, no es posible que no se puedan abrir esas equipaciones tan chulas que les han hecho el sus amigurris de la cuchipandi porque no haya personas voluntarias a ayudar a ponerlas en marcha gratis.
Lo que no tengo tan claro es si las concejalías y la alcaldía entran en el lote de funciones a realizar por voluntarios, si se van a bajar ellos mismos los sueldos, si ellos estarían dispuestos a trabajar gratis, y esas cosillas que la gente de a pié no entendemos.
Claro, estudiamos en colegios públicos y eso es lo que tiene.

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