EN ESPAÑA EL POLI ES EL MALO DE LA PELI.


Hola me llamo David, soy un niño normal y vivo en una ciudad normal, llena de gente normal.
Bueno, ahora soy famoso, desde que mi papá salió en la tele, todos me señalan con el dedo, a mi y a mi familia.
Antes tenía muchos amigos de mi edad, pero claro, mi papá es policía, de esos que visten de negro.
Y desde que mi papá salió por la tele pegando porrazos y patadas a los niños de mi ciudad, mis amigos ya no me llaman y cuando llego junto a ellos, se hacen silencios y de pronto todos se tienen que ir a casa.
Es extraño, nunca se van tan pronto, y además, no se van, solo se cambian de sitio.
Creo que ya no quieren ser mis amigos, debe ser por lo que hace mi padre para ganarse la vida.
Dicen que pega a la gente pobre para que los ricos les roben.
Dicen que pega a los débiles para que los poderosos también les roben.
Dicen que mi padre es un asesino, un  opresor agresivo y violento.
Debe ser por lo de la tele, por esas imágenes en las que se le ve dando un puñetazo a un niño de mi edad.
La verdad es que yo al principio decía que ese no era mi padre, que él no podía hacer algo así.
Pero me equivocaba, si había sido él y en casa lo contaba riéndose a carcajadas.
A mi me daba mucha vergüenza y me daba pena, porque sabía de antemano que me iba a quedar solo para siempre.
Peor ha sido para Mamá, y bueno, para Clarita, mi hermana pequeña.
Hoy estaba en el parque y se sentó en la arena junto a otra niña pequeña.
Su madre al reconocernos corrió a tomar a su niña en brazos y Clarita se asustó y se echó a llorar.
Cuando mami nos montó en el coche, también lloraba.
Alguien gritó “asesinos, hijos de puta” y mami cerró la puerta del coche de un golpe y salió corriendo de allí.
Cuando papi llegó a casa yo estaba muy triste, no tenía ganas de reír, ni de darle besos, tampoco me interesaban ya sus historias de policía.
Total ya se que son todas mentiras, mi papa no es un policía bueno, es un violento que pega a niños como yo por decir que algo no les gusta.
Mami tampoco dice nada, no le pregunta nada; a mi me parece que ella también sabe lo que hace mi papi con la gente que habla y por eso está todo el tiempo callada.
Ahora todo en el mundo me recuerda que estoy solo.
Veo niños jugando y yo no puedo hacerlo, todos me odian.
Veo una película y los buenos no son como mi padre, ser policía en España no es como en las películas, aquí ser policía es ser el malo.
Me gustaría que mi padre trabajase de otra cosa, pero me parece que desde que nació, al poco ya era policía, yo nunca le conocí sin serlo y de eso hace muchos años ya, por lo menos siete.
Toda una vida.
Me gustaría preguntarle a mi papi por qué pegaba a los niños de esa escuela, pero me da miedo.
A mami se lo preguntaría, pero si llora yo lloraré también y no quiero.
Lo que más me gustaría ahora, sería que mi papi cambiase de trabajo, que fuese como el papi de los otros niños, un hombre bueno que trabaja y que no hace daño a la gente.
Pero me da miedo pedírselo.
Creo que mami y papi discuten en la cocina, ella le dice que en la guardería de Clarita las madres están sacando a sus hijos porque esta ella, y ya le han dicho que para el año próximo no tendrá plaza, así que se puso de mal humor y se lo está contando a papá.
Papi tampoco sale como antes, me acuerdo que cuando mami quedaba con las amigas y mer dejaban con Laura, la vecinita de arriba, él solía ir a echar una partida a las cartas con los amigos.
Ahora dice que nunca hay una silla libre para él, que las partidas siempre están completas y que hay días que si él insiste, los demás se levantan de la mesa y se van a otro bar.
Pablito, el chico del bar le pidió que no volviese o tendría que cerrar.
Así que ya nunca ha vuelto.
Él no ha vuelto, mami ya no tiene amigas para quedar y Laura ya ni me saluda en la escalera.
Creo que papi no debió pegar a aquellos niños, creo que a los primeros a los que hizo daño con aquellos golpes, fue a nosotros que nos hemos quedado sin amigos, solos.
Nos hemos quedado solos por culpa de mi padre que es un hombre malo que hace daño a la gente más débil.
¿Os imagináis que uno de esos asesinos de negro encontrase un día esa nota bajo la almohada de su hijo, que se diese cuenta de que sus actos han hundido socialmente a su familia y que por eso ahora ellos le rechazan a él?
Apenas hace unos pocos días que el SUP (Sindicato Unificado de Policías) se destapaba con unas declaraciones en las que parecía que empezaban a hacer uso de la razón.
Declaraban o más bien querían hacernos creer que estaban del lado del pueblo y que se negaban a ser el brazo ejecutor de la corrupción.
Es decir, negaban la mayor y renegaban de ser los traidores al servicio de la corrupción que en realidad son.
Lo malo viene cuando el ciudadano de a pie, va y se para a recapacitar sobre la clase de justicia que defienden esos seres.
Ciertamente es difícil digerir que esos policías defiendan un estado democrático en el que unos chavales pueden violar y matar a una niña sin que se les pueda casi ni interrogar sin estar presente su abogado por su condición de menores; y sin embargo, si se pueda lanzar a unos asesinos descerebrados una brutal carga con material antidisturbios contra niños de trece a diecisiete años.
Eso es lo que ha ocurrido en el mismo centro de Valencia, una horda de delincuentes armados, disfrazados de gente supuestamente honesta, cargaba brutalmente contra un grupo de unos cuarenta niños y niñas adolescentes,los tiraban al suelo y allí les aplicaban su repertorio de siempre; patadas, porras, empujones, más patadas, más porras, más “democracia”.
Niños y adolescentes que ejercen su legítimo derecho de mostrar su descontento contra lo que consideran injusto.
¿Cómo le explicamos a nuestros hijos que hoy han sido molidos a palos por esos policías que ya no patrullan las calles para protegernos, sino que nos acechan desde coches camuflados por si hablamos?
¿Qué sentido le van a dar a esas heridas que llevan a casa en sus cuerpos y en sus espíritus?
¿Qué le va a decir ese padre a
Dan ganas de llorar de rabia por la miseria de mundo que les vamos a legar, un futuro con la única herencia de la esclavitud sangrante, eso es todo lo que les estamos dejando.
¿Por qué se debe preservar la integridad de unos infantes asesinos y por el contrario se debe machacar a golpes a unos niños que se manifiestan?
Muy simple, es una de las tácticas de represión más antiguas del mundo fascista, aplicar violencia allí donde la libertad de expresión incomoda al poder establecido.
Aplicar dolor allí donde el autoritarismo pueda sentir amenazada su hegemonía.
En esos niños se dan varios ingredientes indeseables, son estudiantes y leen; eso siempre ha sido el demonio librepensador para el fascio.
Hablan y exponen sus opiniones, absolutamente inaceptable, se puede pasar que tres mal nacidos violen y asesinen; pero jamás que un colegio salga a la calle a decir verdades.
Algún agente, seguro que tiene hijos, aun así no sufre sonrojo alguno al darse cuenta de lo bajo que ha tenido que caer para ser capaz de pegarle a un chaval de catorce años indefenso.

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