SER EL TUERTO EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS


Hay un texto con el que tengo una relación especial, es “El Castellano Viejo” de Mariano José de Larra y es que no se en la vuestra, pero en mi vida hay un millón de episodios que bien podían haber sido incluidos en esa historia.
Uno de los que me vienen a la memoria con más asiduidad y con mayor ironía ocurrió en una de las muchas veces que me vi obligado a abandonar mi país por motivos, digamos, “personales”.
Recuerdo que hace mucho tiempo fui invitado junto con mi pareja a presenciar un espectáculo en la televisión en casa de un amigo.
Parecía divertido, el happening parecía no ser más que una excusa plausible para pasar una velada agradable y de paso conocer gente, a su vez conocida de este amigo común.
Botella de vino de rigor, no se debe ir a una fiesta con las manos vacías, y unas bolsas de snacks.
Saludamos al amigo y llega la hora de las presentaciones.
Aquella gente era como el stage de un circo de los setenta.
El enano, el gordinflón, el tonto, el guarreras, la trapecista y así hasta el cuidador de los elefantes pasando por el niño araña y la mujer barbuda.
El enano no se dio por enterado, aun así saludé “hola enano”.
El gordinflón me quitó de la mano una bolsa de patatas recién abierta y me puso en ella una a la que le quedaban migas de patatas para que comiese la mierda que él no quería; acto seguido se dispuso a darle matarile a mi bolsa de patatas enteras.
Aún así yo saludé con una sonrisa, hola don buitre.
El tonto levantó una mano en plan indio y yo decidí que debían de ser algo así como un grupo de terapia, me dije “Josetxo, tú sígueles la corriente”.
Así que levanté mi mano y sonreí “Jau”.
Luego estaba el guarreras, quizá fuese el más sociable anímicamente, pero el menos sugestivo químicamente; llevaba un jersey puesto, “muy puesto”; tan puesto que dudo que se lo haya quitado alguna vez en su vida.
Y llevaba un brillo en el pelo también “muy puesto”, pero mi sentido de la oportunidad me impide entrar en detalles.
“Hola don marranazo” saludé con mi gesto más amable.
La trapecista y la mujer barbuda parecían dos de esos chihuahuas histéricos con esos ojos desproporcionados y desorbitados.
Saludé con el gesto más amistoso del mundo “guau, guau”.
Ellas ni jadearon , ni menearon la colita; simplemente me miraron de arriba a abajo y me ignoraron absolutamente.
Así que miré a mi pareja con cara de “cielo vámonos de este antro” y ella con esa dulce sonrisa que siempre le adorna me respondió con una de esas miradas suyas que significan “paciencia”.
Así que intenté entrar en la conversación varias veces y lo único que logré fue que las chihuahuas se mirasen entre ellas y se encogiesen de hombros.
Eso para el resto del elenco de bichos de circo, los espécimenes masculinos, debía significar una especie de reto pues enseguida se pusieron en guardia.
Juro por todos los dioses habidos y por haber que a mi las chihuahuas me interesaban tanto como dos patadas en la vista, pero claro aquí entraba en juego el tema macho alfa y debieron interpretarme como una amenaza; estos fetos malayos se habían preocupado muy mucho de crear un círculo cerrado en el que la mediocridad de unos servía de consuelo a la ineptitud de los otros.
En definitiva, ver a un tipo alto, guapo, interesante a la par que agradable; suscitar levantamientos de ceja en el chorverío mutante debió suponer un colapso hormonal importante entre aquella cueva de murciélagos.
Empezaron a esconder botellas de cerveza, a guardar bolsas de patatas, a hacer comentarios despectivos sobre mi físico o mi procedencia.
En fin se dedicaron a ser los monstruos de feria que siempre han sido intentando ser el tuerto del país de los ciegos.
Huelga decir que desde aquel día mi amigo pasó a ser “ese tipo que conozco” y no he vuelto, ni volveré a quedar con semejante panda de involuciones.
Si es cierto que de vez en cuando el que se guarda las bolsas de patatas llenas para él y ofrece las vacías, de vez en cuando, aparece por el mundo racional, entre personas humanas y hace algún comentario que no debe; pero vamos, si se viese la cara entendería que no puede decirme nada que no pueda arreglarse de un guantazo.
Pero esa es otra historia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s