MAESTROS VENERABLES


Tras el vértigo de siglos perdidos por la premura, derrochados todos los caminos por la carrera competitiva, ya estamos; ya hemos llegado a la primera meta.
Y con las prisas, nos hemos dejado atrás las lecciones más importantes, y de entre todas ellas la única que puede ayudarnos en esta encrucijada.
Aquella que vislumbramos en los años párvulos, aquella que se esforzaba en hacernos entender las cosas en vez de aprenderlas.
¿Qué hacemos con todo lo aprendido?
Y es por esto que en este punto no encontramos respuestas, no encontramos salidas airosas a los túneles en los que nos adentramos.
¿Qué es sino la historia de la humanidad más que la representación aérea de la vida de un niño?
Nació, creció, maduró, se multiplicó y ahora solo queda el futuro.
Lo malo es que obviamos ese párrafo de la historia cuando lo más sensato es que regresemos a aquellos tiempos en los que la humanidad crecía, en aquellos instantes en los que los hombres aumentaban su conocimiento, su entrega, su compromiso con el resto de los hombres.
Tiempos en los que todo era cuestionable, tiempos en los que la sociedad exigía a cada indivíduo que aportase su punto de vista como una obligación inexcusdable, como un deber por encima de toda subjetividad.
Entonces los hombres se forjaban en torno a maestros venerables, hombres sin títulos, sin filiaciones, sin intereses cuyo único equipaje en su aventura docente era un conocimiento que compartir, un modo seductor de expresarlo y una atención exquisita ante los apuntes de sus pupilos.
Apuntes que eran moneda de pago, que hacian del binomio profesor alumno una simbiosis en la que ambos crecían, una sociedad perfecta que tuvo que crecer para hacer crecer al resto del mundo.
El maestro venerable nunca necesitaba de permiso o título alguno para ser llamado maestro.
Los muchachos aprendían de él a componer las palabras, adquirían el don de la expresión, de la síntesis, la capacidad de orar y de escuchar.
Del hombre sabio también aprendían a jugar con los secretos de los números, desentrañar los enigmas de la naturaleza, la medida real del mundo circundante; un modo de comprender la posición del ser humano en el centro de un mundo contracto.
Qué decir del profesor que regala al aprendiz la capacidad de gozar de la música, medir los pulsos de la vida, sentir el hálito vivo de las emociones.
No precisaba el hombre venerable de años de carrera, de oficialismos ni de automatismos sistemáticos para llegar a sus alumnos.
Junto al anciano se podía considerar escuela a cualquier lugar donde el maestro descansase, a cualquier momento en el que los recuerdos bullían en su mente y fluían a través de sus labios.
El aire libre y la agradecida sombra de un arbolado, los pórticos de la plaza, son las escuelas preferidas a partes iguales por ambas partes; la parte que enseña y la parte que aprende.
Y dado que el más grande maestro es el que mayor torrente de palabras sabias atesora, es el maestro de los maestros, el más venerado y el que mayor número de galopines acumula en su derredor.
Mira agradecido a sus pupilos asiente y murmura unas palabras salidas del alma, la compañía le da calor.
Su túnica humilde, lisa, sin hacer uso de lo superfluo, sus manos deformadas, a partes iguales, por el trabajo, por una vida azarosa y por la edad; acompañan en una danza incesante y serena a sus labios.
El maestro venerable sabe que el día en que sus manos no puedan acompañar a sus palabras vendrá el descanso.
Saboreaba ese momento anhelado desde muchísimo tiempo atrás, es la última frontera del conocimiento, la única lección que no podrá regalar a sus pupilos.
No, la muerte no le pillará de sorpresa, tiene un trato con ella y es un pacto entre amigos. Sonríe, de nuevo los recuerdos acuden solícitos a su llamada.
Sus alumnos han aprendido muchas cosas con él, por eso corren a su encuentro cada día, por eso saben que esa sonrisa va a hacerles más hombres en breves instantes, en el tiempo que requiera el maestro para ordenar sus palabras.
Por eso, el mundo se hizo mundo entonces y por perder esto el mundo es un infierno hoy.

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