LA HUELGA DEL VEINTINUEVE DE MARZO


el vigilante observa desganado a su alrededor, nada nuevo, sólo ve animales aburridos actuando de manera normal.
Bestias con miedo al hambre, con miedo al olvido; sometidos a fuerza de traición y a la mofa cruel.
Para el carcelero las personas son pajarracos que no pueden volar, liebres que no pueden correr o peces que no pueden nadar. Mientras todo continúe así, todo ira como la seda, podrán moverse más o menos a sus anchas en los espacios delimitados para ellos.
Esa es la libertad de reunión, esa es la libertad de huelga.
Así lo han convenido los que manejan el barco, los de babor y los de estribor.
Pero si infringen la norma, si sacan los pies del tiesto, lo que les espera es una jaula en la que apenas tendrán sitio para moverse.
Luego está la tenaza, la mano de hierro del falso amigo, el que vende, el que traiciona.
Aquel camarada proletario que clamaba por pan y agua con el puño en alto en aquellos tiempos en los que comer era un lujo; hoy conduce coches caros, vive en chalets, lleva relojes de oro y viste de marca.
Uno se pregunta de dónde sacarán el dinero, en que empresa habrá que trabajar para poder permitirse semejante tren de vida.
La respuesta es bien sencilla: el sindicato el mismo que ha refrendado sin sonrojo todos y cada uno de los abusos que se han cometido contra el obrero desde hace más de veinte años.
Prevendistas, estómagos agradecidos que viven del mamandurrio y no dudan un segundo con vender derechos básicos del trabajador a cambio de enchufes para sí y para los suyos.
El mismo que pretende empujar a los que confían en él hacia el desastre mientras él contabiliza los golpes y los transforma en carantoñas administrativas, en dinero contante y sonante.
Algunos de los paseantes vigilados intentan escapar, más como una expresión de rebeldía que como una búsqueda real de libertad.
Nadie es libre en esta democracia, nadie vuela sobre la ciudad, si el sindicato se toma la molestia de que eso no ocurra.
Ya no engañan a nadie, todos sabemos que la huelga general del próximo día veintinueve de marzo no es más que otra estafa, un señuelo para colar como sea las elecciones andaluzas sin que los políticos tengan que mentir demasiado.
Una de esas explosiones controladas que se realizan en las montañas nevadas para provocar avalanchas cuando no hay nadie, de modo controlado y minimizando daños.
No se entiende de otro modo que den la fecha un mes antes de la huelga, que la pacten con el gobierno, que accedan a que sea después de las elecciones.
Después la huelga será otro evento aguado al que los medios de comunicación darán un perfil bajo y que quedará olvidado en dos días.
Esa es la primera misión de la flamante huelga que nos han diseñado los traidores sindicalistas.
La segunda y no menos importante es mantener el nivel de imbecilidad de la población al más alto nivel.
Porque unos creerán de corazón que hacen algo bueno con la huelga e irán, y tratarán de obligar al resto a que los secunden.
Otros pensarán, como yo, que es una estafa, que es perder el tiempo y el dinero y querrán ir a trabajar y querrán que les dejen ir a su puesto de trabajo.
Si señores estas son las dos finalidades.
Salvaguardar a sus amos y dividir a la población.
Lo peor es que les hacemos el juego.
Y lo están logrando, el indignado tipo centra su atención en este momento, guarda su mala leche para descargarla ese día bajo las porras enemigas mientras duerme como una marmota.
Que el presidente de la patronal es un tocapelotas insufrible; hiriente y antipático, qué más da, gritaré más alto ese día.
Que la policía le ha reventado la cabeza hace varias horas a un niño de trece años en Valencia, no pasa nada, el día veintinueve se lo gritaré en la cara al del casco.
Que me echan a la calle por ir a protestar a la calle, no pasa nada, me acompaña el camarada sindicalista que a él tampoco lo echarán.Claro que no lo echarán, el muy cabrón goza de una especial consideración por parte de algún jefazo de los de arriba y no se le puede tocar un solo pelo, pero tu eres un pringado salvapatrias que se va a llevar una mano de ostias de campeonato, va a perder su trabajo, va a ver desahuciada a su familia y al sindicalista irse de mariscada con el patrón agarrados del hombro.
Lo mejor que pueden hacer los que acudan a la convocatoria de huelga, es ir a la manifestación, pero prohibir mediante piquetes la publicidad y las pancartas con logotipos de partidos o sindicatos, a ver si el bienestar obrero les interesa tanto sin publicidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s