ES NUESTRA OBLIGACIÓN


La marcha de los mil traidores.
Este podría ser el título de lo que va a ocurrir mañana.
En el día de la huelga general, el gobierno piensa desplegar a sus gorilas, a mil de ellos para preservar sus casas, para que defiendan su cortijo de la plebe.
Esta es la imagen real de lo que es hoy en día la policía española, ahí estarán mañana.
Frente a familias explotadas, empobrecidas, muchas de ellas al borde del desastre; ahí estarán los policías guiñándose el ojito con los otros traidores, con los sindicatos que han rubricado de su puño y letra cada atropello a cambio de enchufes a familiares; cada abuso a cambio de prebendas, cada traición por miserable dinero.
Allí estarán los tontos de siempre recibiendo golpes de los opresores a sueldo, enfrentándose a sus iguales, a los que no comulgan con los traidores sindicalistas.
¡Esquiroles! gritarán y mientras el camarada de UGT contabilizará sus anagramas sangrantes.
¡Esquiroles! gritarán y mientras el camarada de CCOO hará números y planes con lo que van a sacar por el servicio.
Esos esquiroles son hombres y mujeres al borde del abismo que están entre la espada y la pared; personas que no pueden permitirse el lujo de perder un solo día de trabajo porque el mismo banco que gestiona los negocios de los sindicatos blande la espada de Damocles sobre sus hipotecas.
A los exaltados quiero pedirles que reflexionen unos segundos.
La reforma laboral se firmó el diez de febrero del dos mil doce.
¿Por qué han necesitado que pasen cuarenta y siete días para organizar la jornada de huelga?
¿Por qué no estaban en la calle el día once, o el doce, o hace cuatro días?
Si no os desengañáis vosotros, ellos os desengañarán; este happening sindicalista no es más que otro buen servicio a sus amos.
“Tengan a la gente calladita y tranquila hasta después de las andaluzas”.
Y aquí estamos esperando a que los políticos terminen sus negocios, sus repartos y sus alianzas a sus anchas, sin problema ninguno para que después puedan seguir atracándonos con su reforma a plena dedicación.
Porque si pensaban que esto está cada día peor, solo tendrán que esperar unos días, porque ahora viene cuando la mataron, ahora viene lo bueno, el orgasmo múltiple de la patronal.
Y todo esto al compás de las pistolas de la policía, de sus detenciones, de sus gases lacrimógenos.
Todo esto a costa de los de siempre.
Se han quedado los sindicatos, se han quedado el poder, se han quedado las comunicaciones, se han quedado la riqueza.
Ahora van a por lo único que nos queda: la salud y la educación.
Es pan comido, ya es todo suyo.
Solo espero vivir el tiempo suficiente para ver como los amos matan a sus galgos cuando ya no necesiten carreras.
Ver los esqueletos de los traidores jalonando las cunetas bien arrodilladitos y con la palma hacia arriba por si cae algo.
Pero de momento la jugada ha salido bien, mañana conoceremos la justicia policial mientras los cabecillas de UGT y CCOO reculan como ratas a esconderse como siempre debajo del sudor ajeno.
A día de hoy, sigo pensando que podemos prescindir de ellos, de los políticos, de los sindicalistas; no hacen absolutamente nada que no se pueda hacer desde las universidades, no regulan nada que no se pueda regular desde la constitución, no hacen nada por el país ni por el pueblo más allá de empobrecerlos, no son útiles, no son rentables y son un cáncer.
No tendríamos que estar enfrentados, ni tendríamos que temer a las fuerzas del orden; deberíamos habernos librado hace medio siglo de todos ellos y haber gastado nuestra riqueza en conocimiento, en ciencia, en preparación.
Y es que por mucha buena intención que un alma cándida ponga, no hay una riqueza capaz de hacer progresar a la Humanidad.
La riqueza cuando es manipulada, usurpada, asumida, sólo conduce al egoísmo, y conduce irremediablemente al abuso.
Imaginad si hoy en día surgiese un Gandhi, incluso un Jesús.
¿Cuánto tardarían esta parva de cerrarles la boca?
¿Cuánto tardarían los medios de comunicación en acordar un conveniente perfil bajo a sus existencias relegándoles al olvido?
Ser competitivos, especialistas en algo, útiles, preservar el espíritu de la cultura, en definitiva ofrecer a todos esos jóvenes que asisten aterrorizados al mundo que les hemos dejado una educación válida, un sano pensamiento crítico, un desarrollo que les libere de la superficialidad.
Esa es la meta, nuestra amarga obligación.
Antes y después de las movilizaciones, de huelgas y de trampas.
Más allá de la traición, del rencor y de la venganza.
Es nuestra obligación.

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