POSADA SEL DE BRENO EN VALORIA, CANTABRIA


Hay lugares en el mundo que ofrecen rostros ariscos por la naturaleza que les ha tocado vivir.
El azote de los vientos húmedos y salobres del mar vienen a chocar con los fríos tramontanos llegados desde los Picos de Europa aun con sabor a nieve y helada.
Son lugares rebeldes, cabezotas obcecados con discutir el hecho de que el hombre descanse sobre la cima de la creación.
Solo hay que hacer una visual al entorno para darse cuenta del tamaño de tal ridiculez bíblica.
Tierras que se dedican en cuerpo y alma; en mar y monte a hacerse de rogar antes de entregar sus tesoros.
Ni de oídas conocía yo la localidad de Valoria en Cantabria; un núcleo minúsculo arropado por los Picos de Europa y envuelto en frondosos bosques que, como todo en la Cornisa Cantábrica, se derraman hacia el mar regalando a la vista una de las imágenes más hermosas de España.
Puedo estar hablando de la belleza de la zona, que es incontestable, de la sonrisa fácil de todas las personas con las que tuve el gusto de cruzar dos palabras, puedo pasar horas hablando del aire con olor a mar y a roble, soplo exquisito que refresca los pómulos y pone en nuestros rostros remedos de olvidados rubores.
Pero no sería justo hablar de lo que todos conocen y quedarme para mi lo que unos pocos sabemos.
Hay en Cantabria una posada, un lugar precioso en el que echarse al olvido unos días es un ejercicio de puro instinto de conservación.
El entorno, unos prados llenos de olores junto a unos bosques espectaculares.
Se accede rodeando el pequeño núcleo de casas y accediendo por un caminito de grava bien acondicionado.
Primer detalle de gusto, el coche queda delante de la casa siempre a tu alcance y siempre a la vista.
Llegas a la casa y la cosa mejora, una casita de piedra con algo más de dos siglos sobre su espina dorsal.
Una casita de campo rehabilitada con un gusto exquisito; con el buen hacer de quien sabe que para hacer feliz a un viajero, solo hay que favorecer que se olvide de sus problemas, protegerle de la nostalgia y hacer que el reloj se detenga.
Y luego está Blanca.
Blanca no atiende a sus clientes, Blanca cuida de sus clientes y esa es la sensación que todos hemos percibido y que en ningún momento hemos dejado de tener, ella siempre está ahí, perfecto.
Esa sensación tuve al sentarme en la mesa la primera mañana; no es una posada al uso, no es un hostal ni mucho menos un hotel.
A alguno le pareció un poco justa de espacio, yo digo que el ambiente que se crea en sus estancias es el de estar en casa, cálido y amable.
El trato exquisito de Blanca, las mesas repletas de buenas noticias y de las mejores intenciones en los desayunos y una sonrisa siempre ofreciendo ese plus que hace que un sitio bueno se convierta en un buen recuerdo.
Queso fresco de la zona, dulce de membrillo, dulces variados, unas tortillas para perder la cabeza, fruta, café, y lo que haga falta.
y sobre todo, el “cafetuco” de media tarde; puedo jurar que llegamos a condicionar alguna excursión por no perdernos el ratito del café de Blanca.
Os invito a que lo probéis, comparto mi suerte con vosotros y os aconsejo que lo planeéis; un fin de semana en la posada Sel de Breno en Valoria, Cantabria y estoy seguro que me agradeceréis el detalle con una Chimay bien fría.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s