NIÑA


Niña, no me compadezcas de mi por ser como soy.
Todo lo que hago y todo lo que digo es parte de mi, y lo que es peor, de mi locura por ti. 
Esta majadería mía que me ha llevado hasta donde lo nuestro me ha permitido, hasta donde estoy.
Todo mi esfuerzo fue vano, trate de enamorarme de ti con medida, supliqué cordura a este corazón mío.
Pero al parecer a mis vísceras y a mi nos gusta sobremanera complicarnos la vida.
Pero mira niña, tampoco somos culpables de nada ¿verdad?
¿Puedo ser yo acaso culpable de tu voz, de tu piel, de tus ojos y de tu pelo?
claro que no; espero que no, mejor dicho, esas malditas dudas…
A veces entras en este circulo; piensas, piensas; es un pensar encantado, nada mas que eso queda, pensar.
¿No crees?
Pero en ti arde una llama seductora y soy de carácter débil, siempre que me acerco al fuego se me escurre de dentro el maldito diablo condenándome.
Puro masoquismo, vuelve hoy a mi lado si te apetece, pégame pero no me dejes.
Cuando me faltas duele y la vida sin ti me ha enseñado que el dolor nunca satisface ni el odio ni el amor.
La vida sin ti me ha enseñado que una sonrisa siempre jode o alegra mas, ¿verdad niña?
Me preguntas qué haría yo por ti ¿qué te puedo decir?
Te sonreiría muchísimo, parecería idiota, lo que sea por tus ojitos.
Viviría el día a día siempre con una sonrisa para ti, una caricia cargada en mis manos, lo que sea hasta que me empujases un paso atrás.
¡Suelta que te quemas!
No suelto nada, aun me cuesta creer haber alcanzado lo poco que tengo; estoy loco, mas no tanto como para permitirme perderlo.
Ponte en mi lugar mi niña.
Soy un tipo práctico, cínico, escéptico; me pregunto qué demonios has visto en mi, un tipo pragmático, metódico, romántico.
Y me respondo que no me importa nada, me vuelvo a responder que solo le pido al cielo que nadie te toque el gusto que nadie cambie nada, que se marchen a su planeta pues soy una especie frágil.
Me enamore de esos ratos en los que te veía por todas partes, allí donde fuera, te “encajaba” en todos los rincones de todos los decorados, en cada lugar hermoso pensé ha de ser de esta tierra sin duda.
Y al pisar sobre tus pasos no hubo discusión, “como anillo al dedo”.
Ay amor que voy a hacer contigo ya no puedo sufrir más, cerré tus fotos, no quiero incomodarte.
Me limitare amarte como los amores desgraciados, niña voy a adorarte como cantan los tangos, a quererme mucho, a culparte de todos mis desvaríos.
Ay señor, estoy a un paso de venderte mi alma sin condiciones, como dicen los malos poetas, voy a entregarme por migajas, putamente.
Y tu, mi alma perdida, me estas pagando con la misma moneda condenada, ojo por ojo, beso por beso.
Niña muy bien, tras este último beso todo quedó aclarado.
Estoy sintiendo el rigor de mis propias palabras.
Otro silencio maldito.
Tienes ese poder, así me dejas, así me quedo; y aunque admito y reconozco que son silencios ricos, uno se piensa en que parte de la conversación continúa.
Piensa en bajar el tono o en dejarlo ir a donde quiera.
Son las del amor conversaciones que meten en aprietos, me mantienes sujeto con mano de hierro y corazón de piedra.
Niña.

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