SONRÍO DE MEDIO LADO


Cada vez que leo las palabras esperanzadas del disidente, no puedo dejar de pensar que sería hermoso que el mundo no tuviese que sufrir por sus ideas.
Que los pueblos no tuvieran que asumir consecuencia alguna por sus convicciones.
Porque es un dato objetivo que la sociedad crea en cada momento lo que necesita; busca puntos antagonistas contra un pasado obsoleto siempre en busca de una nueva realidad.
Es el proceso más doloroso por el que han de pasar las civilizaciones; y de la capacidad de asumirlo, mana la capacidad de los pueblos para subsistir al paso de la historia.
Quiero decir que cada realidad sociológica a lo largo del tiempo ha necesitado de la articulación de los sistemas necesarios para conducir la situación hacia el paso siguiente.
Las tribus necesitaron guerras y caudillos que despertasen el sentimiento contrario de justicia.
Las grandes civilizaciones antiguas necesitaron de tiranos endiosados que despertasen a fuerza de látigo la dignidad de los pueblos.
Y la Europa agotada necesitó dos guerras para sospechar que la clase política actual ha roto la cadena de sucesos en su provecho y que se está empleando a fondo para detener esa evolución social de “Error y reparación” que nos ha traído hasta este punto de la vida.
La pregunta a día de hoy es ¿cuántas guerras más necesitará este mundo para entender de una vez por todas que las clases políticas actuales no van a permitir por las buenas el sano desarrollo de las civilizaciones?
Hoy observo a disidentes cubanos a los que casi no les quedan fuerzas para contener la alegría que les produce estar apunto de enterrar al comandante Castro.
Puedo ver el brillo en los ojos de esos a los que cada viaje de Chávez a Cuba a tratarse de su enfermedad, les abre la puerta a la esperanza.
A la esperanza de que no vuelva nunca más y poder vivir otra realidad.
Esperanza, esa es precisamente la energía que de verdad mueve el planeta y la que lo detiene se llama “triste realidad”.
Recuerdo el día en que murió Franco, yo era muy niño, apenas tenía siete años; y recuerdo aquella fecha porque oía los gritos de júbilo de aquellas personas que conocieron el terror franquista, porque escuchaba los llantos aterrados de aquellos que se beneficiaron de la traición a propios y extraños y porque pusieron una programación buenísima en televisión; dibujos animados y series infantiles a troche y moche.
Mucho ha llovido desde entonces y muy pocas cosas han cambiado, menos de las que quisiéramos reconocer.
La represión policial solo ha cambiado el color del traje de los salvajes.
La dictadura sin consenso ni escrutinio se ha transformado en un cortijo de caciques que solo ha cambiado de víctimas.
Y pocas cosas más difieren, en esta España que nos queda, entre esta ansiada “democracia” y aquella denostada “tiranía”.
Por eso a aquellos que se alegran de la caída de los tiranos, les aconsejo que rían de medio lado, porque los sufridores de ayer solo lloraron cuando hubo un monstruo peor que ellos, un monstruo más tirano que ellos pisando sus pescuezos.
Aquellos que clamaban libertad acompañados de cantautores, entre porritos, cerveza y bohemia; hoy firman recortes salariales, recortes en los derechos fundamentales de sus pueblos, hoy cobran por debajo lo que nos roban por encima; y hacen un uso idéntico de sus brazos armados.
Todos nos alegramos de que, por fin diesen matarile a monstruos como Osama Ben Laden, de que por fin hiciesen pagar su ignonimia a semejante monstruo y si he de ser sincero, aun sigo alegrándome.
Pero, como digo, sonrío de medio lado.
¿Alguien ha pensado alguna vez cuántos aviones norteamericanos sobrevuelan cielo afgano a diario descargando muerte? ¿cuántos carros de combate, soldados y demás maquinaria hecha y concebida para matar personas trilla aquella tierra?
¿Alguien se ha molestado en dirimir qué porcentaje alcanzan dos Jumbos malditos comparados con lo vivido por el pueblo afgano?
¿Alguien ha hecho cuentas de cuántas personas asesinó el maldito Sadam Hussein en todo su mandato y cuántas han muerto bajo la “pacificación” aliada?
Si, hay que alegrarse de la caída de los tiranos, pero humildemente desde esta España aniquilada por sus “salvadores” os recomiendo prudencia, porque los que hoy lloran desde el “infierno” de Miami, no lo hacen por vuestras penurias; lo hacen porque quieren para ellos lo que hoy pertenece a otros.
No dudéis de que mañana pueden haceros llorar, lo veréis desde debajo de un puente.

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