ATADO Y BIEN ATADO


Don Juan Carlos I, Rey de España se dirigía a los españoles en estos términos el día en que se refrendaba la constitución.
“A todos los que la presente vieren y entendieren, sabed:
Que las Cortes Generales han aprobado y Yo vengo en sancionar la siguiente Ley”:
No quisimos escuchar más, sabíamos que en aquel entonces todo iban a ser parabienes, que la ilusión embriagaba a aquellos treinta millones de almas que observaban aun sin creerlo como se abrían nuevos horizontes de paz y libertad.
El Rey , con aquellas palabras cumplía con creces las aspiraciones de todo un pueblo agotado, pobre y aterrorizado.
La parte que no llegamos a escuchar, la parte que nunca volvimos a leer era aun más hermosa si cabe, pero nos parecía demasiado bueno y nos daba pudor sentirnos libres así de repente.
Hoy corren otros aires, vientos de retroceso y hoy, por si acaso nadie vuelve a recordarlas, cabe refrescar aquellas palabras que llevaron al país hacia la cima.
Seguía así:
Que las Cortes han aprobado y el Pueblo Español ratificado la siguiente Constitución:
“El Pueblo Español ha ratificado”, escondían tal poder esas palabras, nos alejaban tanto y con tal firmeza de la oscuridad franquista que no podíamos dejar de sentir un estremecimiento ni contener una temerosa mirada hacia la espalda por si una sonrisa nos delataba y caíamos en desgracia.
Pero el tiempo pasaba y aquellas palabras nunca repetidas entraban en tromba en nuestro ADN cambiando para siempre nuestra forma de ver la vida.
Era el Preámbulo de la Ley con mayúsculas, la presentación de una ley invulnerable que hacía de la justicia su bandera.
Nosotros asumíamos ese poder y caía sobre nuestras conciencias el deber de garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las Leyes conforme a un orden económico y social justo.
¿Cómo íbamos a suponer que desde aquellos primeros instantes en los que disfrutábamos de aquellos derechos, ya había hombres trabajando para arrebatárnoslos a la primera oportunidad?
¿Cómo íbamos a suponer que ese Rey que colmaba todas nuestras expectativas iba a hacerse el sueco, a ser un mero espectador del desvalijamiento sistemático de su recién liberado pueblo?
Según esa Constitución, la misión de todas las fuerzas sociales era la de consolidar un Estado de Derecho que asegurase el imperio de la Ley como expresión de la voluntad popular.
“Voluntad Popular”, cuarenta años de represión solo por mencionar esas dos simples pero qué demonios, jamás hubo mas valiosas palabras “Voluntad Popular”.
Borrachos de democracia nos dispusimos a trabajar y a gastar, en lo que fuese con tal de empujar el vetusto galeón español a buen puerto.
Llegaron las segundas viviendas, la casa en la playa, la urbanización con Jakuzzy, el cochecito molón y aquí todos felices.
El banco se forraba, nosotros trabajábamos como posesos para ir quitando cañones y todo parecía conformar un mecanismo bien engrasado.
Lo que no podíamos ver es que mientras empujábamos cañones a patadas, alguien, los que más sonreían, los que manejaban nuestro dinero a manos llenas; apoyaban el cañón de las “Star” reglamentarias en nuestras nucas de nuevo.
Al menos tuvieron la decencia de cambiar aquellos uniformes grises por unos más acorde con su categoría humana, marrón, a buen entendedor…
Y ese fue el eslabón débil de la cadena, ahí es donde el sistema cedió, en la aplicación de la justicia.
Mientras que el deber de las fuerzas armadas era según propias palabras del Rey de España, proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.
Mientras que juraban su cargo sobre este texto con lágrimas de emoción en sus rostros; mientras que juraban preocuparse de que ningún interés bastardo interferiría en la misión común de promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.
Mientras que prometían y se comprometían a ayudarnos a establecer una sociedad democrática avanzada, y a colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.
Se plantaban enfrente de ese pueblo al que juraron proteger ante la mirada socarrona de su Rey y volvieron a descargar el terror sobre los hombres, sobre las personas honradas que reclaman pan y protección contra los lobos depredadores que están agotando sus recursos, que están enviando familias a la miseria y que están cometiendo un delito de traición contra el pueblo español y por tanto agrediendo de forma flagrante a la nación.
En consecuencia, las Cortes aprobaron y el pueblo español ratificó la CONSTITUCIÓN.
Hoy desde el Valle de los Caídos, el viento trae una sonrisita canalla.
Atada y bien atado.

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