TERRORISMO SILENCIADO, FIN DE LA FUNCIÓN


Hay algo que me tiene intrigado.
Tras todos aquellas décadas pasadas, largos años de terror en los que ver una masacre en los diarios ya ni nos emocionaba por lo habitual.
Épocas en las que éramos gobernados por el miedo al terrorismo islámico, al terrorismo nacionalista, al terrorismo internacional, me pregunto ¿qué ha sido de ellos?
El mensaje de la clase política era alto y claro, debíamos estarles agradecidos por articular los mecanismos de protección necesarios para nuestras vidas y para las de nuestras familias.
Y lo estábamos, vaya si lo estábamos, alguien se encargaba de recordarnos tal premisa a base de bombas y sangre inocente.
Ellos nos señalaban con el dedo a quién debíamos odiar y nos decían por qué, nos daban sus razones y si no calaban lo suficiente, la barbarie se prolongaba el tiempo necesario hasta que se aseguraban de que nos habían aleccionado debidamente.
Y les creímos, no rechistamos ni nos preguntamos sobre la lógica de tales sucesos, por la cuenta que nos tenía.
¿Qué ha sido de la protección de nuestros estados benévolos y justos?, con la desaparición espontánea del terrorismo de los diarios de noticias, pasamos a ser gobernados por nuestros estados terroristas y a echar de menos a aquellos grupos terroristas que mantenían a nuestra calaña política con ese puntito de miedo que les hacía algo más humanos.
La desesperación, la opresión y la canallesca es lo que tienen, que despiertan en nosotros unos sentimientos de bajeza supina, sentimientos de los que nos arrepentimos una vez que hemos pasado nuestro día de furia.
Pero el miedo ahora es que no son días de furia, son meses, años y amenaza con traducirse en generaciones, porque no hay visos de fin.
Y he aquí que esos grupos de violentos asesinos, aquellos talibanes afganos, aquellos díscolos vascos o aquellos iraquíes asesinos han desaparecido del mapa justo cuando sus reivindicaciones podrían alcanzar un punto de calado y comprensión sin igual en los últimos lustros.
Y no deja de rondarme la cabeza una pregunta.
¿Dónde están?
No es que desee que vuelvan a asesinar, no es que desee que volvamos a vivir con el miedo a una bomba lapa o a una masacre en una estación de tren.
Es que a día de hoy ya desconfío hasta de su existencia anterior.
Tan oportunamente relegados al olvido justo cuando los gobiernos se han puesto el traje de tirano y ya no necesitan de echar mano de trucos para someter la voluntad de sus pueblos.
Justo cuando los que se autodenominaron objetivos del terrorismo internacional, se revelan como los asesinos sanguinarios, los genocidas despiadados que siempre fueron.
A día de hoy, mi opinión es que el terrorismo ha sido alimentado por los propios estados, por esos que juraban y perjuraban que lucharían encarnizadamente contra tal barbarie.
Si, pensemoslo.
¿Quién ha sacado más beneficios electorales de ETA mas que aquellos que se despellejaban la lengua escupiendo sobre todo el pueblo vasco, su cultura, su lengua y sus costumbres porque “todo era ETA”?
¿Quién puso y apoyó a los Gadaffi, Hussein y Ben Laden en sus gobiernos para después asesinarlos como a parias?
¿Quién escupía sobre el nombre de esos tiranos y se daba besos con lengua con otros peores más poderosos?
Y de repente, todos se ponen de acuerdo, todos trazan una línea de exterminio al pueblo y deciden que aquella herramienta de miedo y muerte ya no les es necesaria.
¿No es curioso su silencio, su retiro estratégico?
El terrorismo, hoy por hoy, no es más que un juguete roto del sistema, de los estados.

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