IRNOS Y A LA VEZ QUEDARNOS


Para empezar a entender nuestro problema, hemos de empezar a mirar sin rubor a los ojos de la indignidad.
Encontremos lo que encontremos, hemos de ser valientes, recrearnos en nosotros mismos y reconocernos dentro de nuestros anhelos más inconfesables.
Ya de paso y puestos a tomarnos nuestro tiempo, podríamos escarbar un poco en los fondos cenagosos de nuestros egos y preguntar a nuestro fuero interno qué cree que quiere.
Podemos encontrarnos con que no queremos absolutamente nada y encontrarnos con esa realidad nos libere.
Puede ser que de verdad todo nos de igual, que vivimos de bostezo en bostezo quemando etapas hasta la próxima siesta.
A ver si es que nos han convencido de que lo bueno, lo justo y lo de derecho es quererlo todo y al final va a resultar que no, que es imposible irse y a la vez quedarse.
No sabemos lo que queremos, tampoco nos hemos tomado la molestia de investigar demasiado, nos limitamos a querer lo que quieren nuestros vecinos o directamente lo rechazamos sin razón, porque si; porque me cae mal; porque es del equipo rival; porque es extranjero o del pueblo ese tan chungo.
Todo nuestro bagaje ideológico está dictado y guionizado por la tiranía de la mayoría y nos basta cerrar los ojos y visualizarnos con el aspecto de uno u otro dogma para sentirnos identificados con sus doctrinas.
La política, el compromiso, la responsabilidad son aspectos sumamente conformistas e irreflexivos; nos parece horrendo que nos roben a manos llenas, nos parece trágico que nos apaleen en las calles, pero ¿qué podíamos esperar si votamos a unos mentirosos que únicamente nos gustan porque llevan ese jersey del cocodrilo al cuello tan “cool”, tan bien llevado que nos negamos a creer que puedan ser malos?
Y digo jersey como puedo decir coderas, cara de gilipollas, sotanas, o casacas.
Esa es la realidad, no atendemos a razones, no pensamos en lo que necesitamos, en lo que de verdad queremos; obedecemos a una idea preconcebida, repetida por los medios hasta la enfermedad; una idea absolutamente ajena a la realidad del monstruo que se cierne sobre nosotros.
El político, por el contrario, ese sí que sabe lo que quiere, sabe por y para qué lo quiere.
Y lo que es peor, sabe qué ha de hacer para conseguir sus aspiraciones; en ese aspecto es íntegro en su corrupción.
Es un político, lo sabemos; quiere poder, lo sabemos; quiere enriquecerse, lo sabemos; se corromperá, lo sabemos; nos robará, lo sabemos; nos golpeará, lo sabemos, nos humillará, lo sabemos; pero es que ese jersey al cuello me recuerda tanto mi porte atlético que he de quererle por obligación.
Por el contrario, el ciudadano sale siempre de los colegios electorales con el pensamiento de no haber hecho más que el pardillo.
No es que el votante de a pié sea un inconsciente porque no sepa lo que quiere, es que de algún modo intuye lo que se va a encontrar, y no es más que el sentimiento del estúpido que ha votado a un jersey anudado al cuello.
Mañana ese tipo cambiará el porte sport por el traje y vendrá la otra cara de la moneda.
Eso es lo que conlleva querer con poca fuerza, al final, siempre, termina uno haciendo lo que no quiere y relegando las cosas importantes para el mañana, a ver si en una de estas otro estalla antes que uno, se come las ostias y de paso arregla el desaguisado.
Siempre habrá uno más desesperado, sin tiempo para trazar planes o que no le de la cabeza para tratar de engatusar a otro para que tome esa decisión.
Y esa es la gran verdad amigos, eso es lo que queremos, que venga un gilipollas y que nos mire a nosotros a la cara para preguntarnos “¿qué harías en mi lugar?” para responderle lo que de verdad queremos, lo que no tenemos coraje que hay que tener para reclamar en la calle, lo que no tenemos el criterio ni la vergüenza de defender en las urnas.
Queremos la cabeza de los traidores en una bandeja, queremos verles sufrir; si, sufrir; queremos ver lágrimas en las caras de sus hijos, de sus mujeres.
Queremos que se cumpla la obligación legal de la restitución y la vileza moral de la satisfacción.
Como decía al principio, la verdad es que lo queremos todo, irnos y a la vez quedarnos.

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