DÍA DE LA TRABAJADORA DEL SEXO


Hoy se supone que es, a parte del cumpleaños de Marilyn Monroe, el día de la trabajadora del sexo.
Lo que viene a ser una alegre conmemoración en la que el mundo entero da gracias a esas bienaventuradas putas que a base de ostias, amenazas y malos tratos, hacen la vida de vejestorios flaccidos y adinerados, de fetos malayos y contrahechos infinitamente más llevadera.
Cuando se conmemora un día como este, hay que ser consciente de lo que se conmemora, porque esto puede degenerar en un ensalzamiento romántico de la prostitución o simplemente a transmitir el veneno de ciertos resentimientos y tampoco van por ahí los tiros.
Cuando se conmemora un día como el de hoy, hemos de ser conscientes de que celebramos aquel día en el que una niña fue metida a golpes en una furgoneta allende los urales, drogada, golpeada, violada y amenazada; en definitiva aterrorizada para que desde ese momento se dedique sin rechistar a dejar que tipos de toda índole hagan uso y abuso de su cuerpo y lo que les de la gana con su amor propio.
Yuppies pèrfumados, puercos de hedor etílico, dandys de gayumbos bordados y cerdos de frenazo y tentetieso.
Todos usaran su vagina como el que usa un limpiazapatos y ella no podrá objetar pega alguna so pena de repetir el proceso de “selección” recibido allende los Urales.
Y es que conmemorar el día de la trabajadora del sexo, pasar en un pis pas a ser el día de la puta y de ahí a acordarse de los nombres de las ex del novio de turno o de las señoras madres de la calaña política del país todo es uno.
Somos así, le vemos la gracia a todo, aunque lo que es gracia tenga muy poca.
Hoy es un día en el que se conmemora la desgracia de una sociedad que ve como sus mujeres han de venderse para sobrevivir.
La decadencia moral de un mundo en el que se engaña a mujeres aquejadas de pobreza con señuelos de bonanza al otro lado del mar y que al llegar a su destino se encuentran a los seleccionadores de personal de los clubs de carretera que perlan nuestra geografía, con el látigo y la navaja prestos a la doma cerril de su ganado.
No es ético acordarse precisamente ahora de  enviar felicidades a esa novia de tu mejor amigo, esa invasora que ha logrado que tu colega del alma se conviertan en un perfecto desconocido.
Tampoco de la la vecina gritona que se arranca de buena madrugada con Camela a destajo todos los malditos días, sobre todo los que te toca trabajar de noche.
Estas son otro tipo de puta, pero no vienen a colación en la onomástica de hoy.
Quizá lo que se quiere señalar en este día de la trabajadora del sexo, que no puta, es la necesidad de liberar de la moralina cristiana el punto de vista de la sociedad y en algún momento de la vida, aunque solo sea por dignidad humana, agradecerlas su labor, pues estoy seguro de que si no existieran, habría una hecatombe mundial.
¿A quién le iban a pedir los insatisfechos todo aquello que sus parejas se niegan a darles o que simplemente no se atreven a sugerir?
¿Quién sino se iba a prestar a la humillación de no poder elegir partenaire, de aceptar lo que venga y ser solo un juguete a base de contener no pocas arcadas?
Brindemos por ellas, por las engañadas, por las aterrorizadas, por que puedan seguir siendo un motivo estupendo para que ONGs hagan el agosto clamando al cielo que protegen a esas mujeres desamparadas mientras ellas paren a su primer hijo a los 15 años de edad.
Recordemos a aquellas indefensas, parias e ignoradas sin cuyos clientes y sin cuya desgracia la Gonorrea y la Sifilis nunca hubieran sido lo que llegaron a ser.
Es fácil ir de bueno por la vida, acordarse de la parte simpática del asunto y visualizar a esas prostitutas de barrio, señoras al final de su carrera que aun con sus pancitas, sus lorzas, sus celulitis y sus estrías todavía levantan pasiones.
Pero el asunto tiene más miga que la que los estómagos agradecidos pretenden darle.
Arreglemos la vida de estas mujeres, dejemos que decidan su destino, protejamos su existencia y demos una cobertura humana a su modo de vida.
Pero eso si, sin de fechas ilustres en calendarios vergonzantes.
Los problemas de estas mujeres no se arreglan con un día, se arreglan con un día seguido de otro y otro y otro.
Y a los políticos de este país incomprensible, solo me resta decirles, que bien podrían llevarle un pastel a su señora madre, que hoy en día ser hijo ingrato hace mala imagen y resta votos.

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