EL BARRO DEL QUE FUIMOS MOLDEADOS


Caminar sobre tus propias pisadas para no desviarte de los caminos trazados por el hábito.
Descansar tus pies sobre la huella que dejaste ayer y sin comerlo ni beberlo, encontrarte con la maravillosa experiencia de comprender que es la primera vez que pasas por ahí, que es un lugar totalmente diferente al que estás acostumbrado.
Te dejas subyugar por el encanto y ya no puedes parar de encontrar en cada paso un lugar ignoto, en cada rincón un grano de arena que ayer pasaste por alto y con la suma de todos los descubrimientos te ves capaz de hacer de eso un mundo nuevo.

Ver que desde ese instante minúsculo en adelante, todo lo que acontece cambia por completo el guión de los acontecimientos adyacentes, quizá se haya abierto una puerta que permanecía cerrada, quizá a partir de ahora no puedas detener esa mirada tuya que ha aprendido a mirar las cosas de otro modo.
Y tan especial es el momento de descubrir un paisaje nuevo detrás de la estampa cotidiana que corres deseando contárselo al mundo.
Quieres que todos sean tan felices como tú, quieres que todos entiendan, como tú, que del mismo modo que pudiste ver que los detalles importan en el conjunto monolítico del todo, ellos pueden llegar a percibir que la vida no siempre es una recua de bestias encordadas una detrás de otra.
Es posible que esa sea una realidad empírica y constatable, no lo vamos a negar; pero tampoco negaremos que en la mayoría de los casos la realidad es un libreto tan aburrido e infumable que es un acto de defensa propia abandonarse a esos momentos de sorpresa.
La alegría de las cosas pequeñas es la que se nutre de lo auténtico, sonrisas sin carmín; besos en carne viva, un amanecer juntos, a penas un roce, una mirada y el universo estalla en una eclosión masiva de felices sinsabores.
Y solo durante ese instante puede darse esto, solo en el tiempo en que un latido golpea el pecho, se nos otorga el derecho a las verdades de verdad, a las verdades como puños, a las verdades simples.
Por eso corres a contarlo, porque sabes que en el momento menos pensado todo se desvanece y es algo siempre inminente; la vida te conducirá de nuevo a esa interminable cola frente a la ventanilla de la felicidad.
Porque ese instante ha sacado lo mejor de ti, las ganas de compartir, de disfrutarlo en compañía.
En un mundo construido a base de cosas imperfectas, un mundo sometido a los designios de unas fuerzas caprichosas que se rigen por teorías incompletas e impermanentes, la única verdad es la que proviene del deleite en la naturaleza.
Encontrar ese algo que acontece entre uno mismo y todo lo que le rodea, conseguir la sintonía con el entorno y sus habitantes, lograr la perfecta afinación melódica; empieza por buscar, entre esos detalles que se pasan por alto, las notas y los acordes más adecuados para cada instante, para cada contexto.
Se trata de contrarrestar la agresión exterior con la paz interna, la pasividad con la euforia; responder de medio lado a las amenazas e ignorar cualquier discurso que haya sido lanzado con los puños o las manos en alto.
Puños que hoy claman por libertad y que mañana se ciernen contra las almas que juraron defender.
Puños que claman justicia, puños que aniquilan esperanzas.
Esos puños que el vértigo de  nuestras vidas actuales no nos dan tiempo a ver venir.
Mirar un grano de arena y encontrar en sus facetas secretos que desconocías, te pone a salvo de los traidores, de la vida artificial y de sus consecuencias.
Precisamente en eso consiste el más alto logro de una persona.
Porque obliga al ser humano a deshacerse de todo lo innecesario por muy seductor que pudiera llegar a ser. Fuerza a la persona a valorar los objetos o las substancias haciendo referencia a su valor real, a su valor intrínseco.
Un diamante es todo lo hermoso que su luz le permite, alimenta instintos y codicia, prostituye y eleva egos al mismo tiempo que destruye almas y amistades.
Un pedazo de pan da la vida; un abrazo la conforta, una mañana la tonifica, una sonrisa le da sentido; no hay diamante que pueda competir con eso y ese es el valor de las cosas.
El soplo que lo une todo, el aire que nos mece, el aire que nos renueva, el barro del que fuimos moldeados.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s