COSAS QUE PODRÍAMOS HACER Y NO HACEMOS



Cosas que podríamos hacer y no hacemos hay muchas, de hecho la única que afrontamos es la de lamentarnos y cruzarnos de brazos esperando que a aquellos a los que les interesa exactamente lo contrario que a nosotros, escuchen nuestros gimoteos y cambien su parecer por generación espontánea.
Una de las cosas que si podemos hacer, que es casi gratis y que supone una molestia de escasos minutos es la de ser compañeros de trabajo y amigos de esas personas a las que dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo activo a lo largo de nuestra vida; los colegas de trabajo.
Desarrollo mi vida laboral en una de esas fábricas gigantescas en las que, entre contratados directos e indirectos, pululan cientos de personas por relevo.
Así día tras día.
Lo que me llama la atención de todo esto que a priori no tiene relevancia alguna, es que personas que residen en localidades cercanas, en la misma e incluso en el mismo barrio, coincidan en lugar de trabajo, turno y fecha y vengan todos cada uno en su coche; que sean incapaces de darse los buenos días y concertar un calendario de conductores y coches.
Simple y efectivo.
En la actualidad cuatro personas acuden a su puesto veinte días al mes durante once meses al año, lo que viene a ser unas ochenta idas y ochenta vueltas al mes; ciento sesenta desplazamientos en coche entre cuatro personas con lo que eso trae en gastos de combustible, ruedas, aceite, mantenimiento, etcétera.
Si estas cuatro personas tuviesen el acierto de quedar en el bar de la plaza de su pueblo tomando un café para después venir juntos, estos desplazamientos se convertirían en cinco desplazamientos de ida y cinco de vuelta; diez desplazamientos al mes que alcanzan a ser cuarenta viajes por cada cuatro personas al mes.
Lo se, hay casos excepcionales que no encuentran ese acomodo por razones de horario, características de su puesto de trabajo o por la localización de su vivienda en relación con su empleo.
Eso se comprende, pero no son todos los casos, tampoco son mayoría.
Ahora, con esto en  mente recordad cuantas veces nos quejamos de los atascos, todo ese tiempo perdido, malhumorados, estresados, culpando a todo el que tenemos alrededor de nuestra desgracia y todo porque se da el caso de que circulan cuatro veces más coches de los que circularían si fuésemos, no ya amigos de nuestros compañeros, sino simplemente prácticos, razonables.
Recordad cuántas veces nos escuece el bolsillo con cada subida de los carburantes.
Varias veces al año esos cabrones muerden nuestro presupuesto gota a gota; varias veces al año nos acordamos del porcentaje en impuestos que hay en el precio del litro de gasolina y en la señora madre del idiota al que le ha salido el presupuesto rana y recurre a lo de siempre, nuestro bolsillo.
Y es que gastamos cuatro veces más combustible del que gastaríamos si fuésemos más inteligentes.
Recordad cuántas quejas elevamos cada vez que llegamos al parking de la fábrica, tan alineado, tan uniforme, tan lleno de energúmenos que se levantan media hora antes para llegar al parking los primeros y se encuentran con que no cabe un alfiler porque los del relevo anterior son tan idiotas como uno mismo, porque, las matemáticas no engañan, hay cuatro veces más coches de los que habría si fuésemos un poco más consecuentes.
Y este es el quiz de la cuestión, ¿nos pasan las cosas que nos pasan por culpa de los malditos políticos, de los ladrones de las gasolineras o del vecino que llegó antes que nosotros al aparcamiento que se conjuran para hacernos la puñeta o bien nos pasan las cosas que nos pasan porque nos hemos convertido en una panda de estúpidos snob que mostramos nuestros automóviles como una prolongación de nuestros penes?
Que estamos en malas manos es cierto.
Que da igual el dinero que se inyecte a España si este cae en las mismas manos, ciertísimo también.
Pero no podemos esperar nada mejor que lo que tenemos si no empezamos a curar este cáncer empezando por nosotros mismos.

Nuestro vecino no es un competidor, es un compañero; nuestro compañero no es un trepa, es un tipo ahogado como nosotros que se busca las lentejas como todo hijo de vecino.
Cuando antes entendamos que tenemos mucho que hacer y que debemos hacerlo, cuando antes entendamos que hemos de empezar a cambiar nuestro modo de ver las cosas, todas las cosas, antes nos armaremos de argumentos para solucionar el problema que nos acecha.

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