LÉXICO IMPERFECTO


Cuantas cosas buenas dejamos correr a nuestro lado.
Cuantas cosas buenas dejamos irse sin detenernos a pensar en las oportunidades que tendremos a lo largo de nuestra vida de estar, como ahora, lo suficientemente cerca de ellas como para poder tocarlas.
Cuantas veces podremos ensuciar las palabras más grandes con vacuidades hipnóticas, con palabras exactas en momentos exactos, con palabras dirigidas y lanzadas al fondo del mar.
O bien, cuántas veces podremos callar y sentir lo que llevamos dentro para poder dejar que nuestros actos den valor a nuestros silencios.
Hablar de amor, es normal; todos lo hemos hecho alguna vez en la vida y después nos hemos arrepentido también.
Incluso entonces podremos decir que el arrepentirse, al menos eso, ya es hacer algo.
No somos un pueblo que recapacite sus errores, somos más de buscar un error ajeno que consuele nuestro desconsuelo.
Somos más de buscar cobardías atávicas que justifiquen la abulia imperante.
Pero no, no cuela.
Al final, un día ocurre algo que hace que todo cobre sentido, incluso nuestro papel, sea el que sea, en el juego.
Decir a una persona amada que es el ser más alucinante del mundo cuando ella encantadora sabe estar atenta a tus anhelos, no solo es normal; es inteligente.
Decir a un tirano cuanto le odias no lo es menos, ambos parten del mismo centro nervioso, ambos nacen de la necesidad de ser islas a ras del mar en un archipiélago precario.
Ambos son porciones de idéntico peso en el alma humana y ambas han de encontrar debida vía de escape.
La proporción áurea rige la sucesión de acontecimientos, una ecuación simple y demoledora que ubica cada gramo de substancia en el todo.
Sufrimos, gozamos, amamos, nos despechamos; solo hemos de sumar el paso anterior al presente para hallar el siguiente, pura matemática, la simplicidad inmutable del universo.
Luego viene cuando la vida echa a andar y los silencios van empañando los cristales.
Cuando echamos a andar y el amor de nuestra vida crea una espiral perfecta con el vórtice en el centro de nuestra frente.
Escenario de sencillez inmejorable que tras los cristales perlados de vaho, te hace sentir grande.
De la mano de esa persona aprendes a disfrutar de las gotas que resbalan por la ventana, aprendes a poner el dedo en el lugar indicado para que el agua discurra por dónde quieres.
Aprendes que añadiendo tu aliento y moviendo el dedo se crean las condiciones perfectas para que un corazón sobre el vidrio trace esas palabras que no dices, para que cada arroyuelo llegue al suelo en el punto exacto en que esperas y bebes.
Esa es la grandeza de la vida, su simplicidad, su eficiente y recalcitrante simplicidad.
Y su fuerza está en todo, late en la pareja que sobrevive a la pasión y se maneja sobre las tranquilas aguas del amor, del respeto.
En el rival valiente que te hace grande a base de superarte, en el cobarde que te hace íntegro a base de mentiras.
Todo, absolutamente todo parte del centro del alma humana y todo, absolutamente todo se cristaliza en un punto exacto de la vida.
La niñez.
He de reconocer que en eso de crear ríos en mi ventana tengo la mas mejor maestra del mundo mundial.
Lo se porque la quiero mucho, para mí es suficiente y para vosotros habrá de serlo, os lo digo yo.
¿Cómo saber cuando estás ante la persona indicada?
Muy fácil, tan simple que causa sonrojo no haberlo tenido presente antes.
Solo hay que observar a los niños que habitan a su alrededor, ellos y no otros son los mejores faros para iluminar la vida.
Oír la puerta y saber que correrán por no poder contener la emoción de saludarte hace que ese y los años colindantes sean los mejores de la vida.
Que te mire a la cara y con su imperfecto léxico te diga:
“!Me alegro tanto de verme que….Nunca!”
Te reconcilia con el mundo, ante eso nada en este planeta importa un carajo, el cariño de un niño es lo más grande.
El abrazo, la sonrisa, el ceño fruncido; hablan de muchas cosas y todas buenas.
Dicen que necesitamos poca cosa para ser felices, que estamos llenando nuestras casas de objetos y que con eso consumimos el espacio para la risa.
Risa contra el malo, risa para el bueno, risa para la nada, risa para todo.

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