LA CORTINA GUINEANA


Guinea Ecuatorial es un país de esos en los que das una patada a una piedra y sus inmensos recursos naturales afloran incontenibles a flor de tierra.
Pese a esto, un setenta por ciento de sus pobladores viven sumidos en la miseria sin tan siquiera agua corriente o electricidad en sus viviendas y con una esperanza de vida máxima de unos cincuenta años.
Esta lacra empeorada por la institucionalizada y recalcitrante corrupción de sus mandatarios ha puesto a la nación en el punto de mira de ONGs y a la justicia internacional siguiendo de cerca los pasos de la familia del dictador Obiang y de sus colaboradores.
Personajes que a día de hoy se dispersan huyendo de la ley en varios países del mundo, entre ellos la “nada corrupta España”.
Germán Pedro Tomo fue diputado del Partido Democrático de Guinea Ecuatorial, partido del dictador Obiang; tiene cincuenta y dos años, vive en el paraíso occidental de la corrupción; cómo no, en España desde el dos mil cuatro.
Democrático de Guinea Ecuatorial, partido del dictador Obiang
El tipo asegura que allí paga comisiones ilegales a la familia del dictador todo el mundo.
Empresas guineanas, españolas, chinas y marcianas.
Allí todos pagan y aquellos que no lo hacen, simplemente no exportan.
Es el sello typical spanish, la impronta mangante y choricesca que dejamos allí donde vamos.
Guinea fue una colonia española, no fuimos especialmente amables con sus gentes ni cuando estuvimos entre ellos ni en el momento de salir por piernas, no tuvimos ni humanidad, ni valentía, ni honestidad con ellos.
LLegamos, esquilmamos todo lo que pudimos y les enseñamos a ser españoles de corazón. Enseñamos a sus mangantes a ser como los nuestros; despiadados, antedemocráticos, desvergonzados y corruptos.
Como diría cierto idiota metido a ministro, “españolizamos” a aquellos simpáticos lugareños.
Hoy, fiel a aquellas doctrinas heredadas de Moncloa, el Gobierno de Obiang sigue aquel aprendizaje vetando la entrada de la prensa crítica en su país.
Aunque también es cierto que hay que reconocer que en ese aspecto, el dictador es más blando que Madrid, allí los echan y aquí los apalean.
Llamadme loco, pero en los matices encuentro las diferencias y esto hay que aclararlo, porque los burros españoles somos muy dados a llamar a los caballos orejudos.
¿Por qué todo esto?
Porque entre todo este vértigo de acusaciones hacia el Estado Guineano va el incombustible rey del lifting, Julio Iglesias y se planta en la capital guineana, Malabo con un equipo de treinta y cinco personas para cantar en el Palacio de Conferencias de Sipopo.
Concierto auspiciado por el hijo del dictador, digno sucesor de papá,que ha logrado llevar al cantante allí para deleite y goce de la cremita del clan Momgomo, el que se se lo lleva calentito en aquel país y que de paso se reparte todos los cargos políticos del país.
Aquí también sabemos mucho de eso, sería el clan pepero o el clan sociata; eso según legislatura.
Cambian los nombres, pero a fin de cuentas son siempre los mismos.
Por el contrario, los corruptos de allí son más respetuosos y no se molestan en engañar al pueblo, puestos a robar son mucho más valientes que los nuestros.
Menos mal que en el mundo quedan algunas ONGs que se dedican a decirnos a los pueblos a quién debemos odiar y qué malo es más pérfido que el otro.
ONGs como Human Rights Wacht y EG Justice dispuestas a avisar a un cantante que disfrutó cantando ante Franco y que apoyó a Aznar sobre la reputación de los anfitriones y organizadores del evento y permitiéndose emplazar al cantante a suspender el concierto.
Viendo que el cantante se pasaba por el forro sus “desinteresadas” advertencias, la pataleta llevó a estas ONGs al borde mismo del ridículo, a ese espacio entre la idiotez y la patochada.
Van y le exigen aclaraciones sobre la financiación del concierto.
¿Os imagináis que tuviésemos que exigir a los artistas que no actúen en países corruptos?
No podrían ni salir de sus casas.
Y en lo que se refiere a España, no veríamos un escenario ni en las películas.
Invitaría a esas estupendas ONGs que se empeñen más por las cosas que importan, por estar junto a los perjudicados, por defender a los débiles, por acosar a los fascistas, por derribar los pedestales de las dictaduras más que preocuparse por dónde o cuando se mueve un tipo al que los problemas de Guinea o España se la traen al pairo y al que la crisis le queda a mil kilómetros bajo los pies.
Cortinas de humo en busca de la jugosa subvención, hablemos de chorradas y sigamos con la técnica de distracción.
Qué mundo de paletos, que país de idiotas.

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