QUE VENGAN VIENTOS PARA QUE BRILLE EL SOL


Observo en los alemanes un especial morbo por caminar entre las ruinas de los países que destrozan.
Tal como hizo ese ídolo de masas germano, Hitler, cuando acudió a París a regodearse por su victoria, ahora es Angela Merkel la que pasea su enorme trasero por la Europa destruída a saborear idénticas mieles.
Como no es de extrañar, este acto de soberbia, que no es más una provocación, una nueva humillación al sufrido pueblo griego al que ya considera súbdito, una colonia; ha despertado la ira de los desposeídos, de las clases medias y bajas que han lanzado su grito de guerra y se han lanzado a las calles a expresar su rabia pese a la prohibición explícita del partido fascista griego, hoy en el poder.
Un partido que como el gobierno español, golpea a su gente para salvaguardar los intereses de países hostiles y agresivos con los que formamos la franja sur de Europa.
En plena borrachera de poder, esta señora tiene las santas narices de ir a la denostada Grecia a escupir en la cara de sus gentes que Europa, “su Europa” necesita más recortes y más miseria para que el crecimiento económico alemán florezca fuerte y sano, como debe ser.
En resumen, tal y como hizo en su visita a España, viene a pasar revista a sus mamporreros, a dar órdenes, a sacrificar derechos humanos y, por supuesto, a reclamar el diezmo a los traidores colaboracionistas que rindieron a sus pies la soberanía de nuestras vidas y que abrieron las puertas de nuestros castillos al enemigo convirtiéndolos en territorios ocupados.
Y en Grecia se repite la misma historia que asola las calles españolas, miles de agentes de policía blindan las plazas y las convierten en coto privado para el nuevo caudillo; restringen derechos fundamentales como el de reunión y aplican violencia desmedida contra su propio pueblo; eso sí, siempre con el manido recurso de las razones de seguridad.
¿Qué lider democrático necesita sembrar las calles de gases lacrimógenos, sangre y desesperación para sentirse seguro?
¿Qué legitimidad tienen unos políticos que no tienen otro argumento que el de la violencia contra el pueblo para sostener sus actos?
Ninguna, no necesitan argumentos, a la plebe no se le dan explicaciones, a la plebe se la gasea, se la encarcela, se la criminaliza y se la insulta; pero no merece dos segundos de diálogo, ni una consulta, ni una mínima consideración.
Pero el sistema poco a poco se va resquebrajando, poco a poco los engranajes se van oxidando y hartos de recibir golpes como respuesta, los apaleados ya no preguntan.
Saben que siempre habrá alguien que justificará las actuaciones policiales como actos al servicio del interés general y burla tras burla; vuelta a vuelta, a base de apretar, la tuerca romperá el tornillo y ya no habrá forma de mantenerlo sujeto.
Porque esto aún no ha acabado, hoy los ciudadanos del sur ya no creen en espejismos, ya no se tragan el sueño de una Europa unida.
Hoy las personas se echan a la calle y queman la bandera europea, Hoy las personas salen a las calles a enseñar los dientes.
Porque saben que los políticos se están haciendo de oro y saben que ellos no van a ceder en su privilegiado modo de vida, saben que no se van a sumar a la impuesta austeridad, saben que la única manera que hay para hacerse respetar es mostrarles nuestra fuerza.
Y hay algo que podemos hacer, además de lamentar nuestra mala estrella, y es que ni la Merkel ni sus tocinos pueden obligarnos a gastar el poco dinero que nos va quedando en productos alemanes.
Si el problema es que les debemos demasiado, no les compremos más, no sea que la deuda crezca aun más y la cosa empeore.
Si ubicamos a la pérfida Germania en el lado oculto de la luna, si no les compramos, si no permitimos la entrada de productos alemanes en España, no por decreto, eso ya sabemos que no va a pasar, pero sí por impermeabilidad del mercado español a sus trampas; lo más seguro es que la rubia rechoncha termine saliendo de la teutona poltrona a la velocidad de la Blitzkrieg.
Pero Alemania no es nuestro único enemigo, no es la causante exclusiva de todos nuestros problemas.
Ese honor ha de recaer en nuestros polìticos y administrativos que han dilapidado los inmensos medios económicos que la UE puso en sus manos para modernizar España, en obras faraónicas ruinosas, en aeropuertos sin aviones, en urbanizaciones inconclusas, en desaforados trenes de vida, en un despilfarro descontrolado que nos ha traído hasta aquí, hasta el fin de un sistema que ellos y solo ellos han hecho insostenible.
Nuestros políticos no informan a la poblaciòn sobre la realidad, sino que se ocultan sin asumir su responsabilidad tras los enormes volúmenes de la hitleriana con faldas mientras siguen especulando.
Y es que esa señora antiespañola, antipática y antiestética es para nuestros corruptos un chivo expiatorio excelente.
De todo esto se extraen dos verdades.
Hay que crear una nueva corriente política más acorde a la realidad, más honesta, más transparente y más valiente.
Hay que deshacerse del cáncer europeo y poner los ojos en nuestro terreno, el Mediterráneo.
El Norte de África y el Sur de Europa tienen un horizonte prometedor si caminan juntos.
Nosotros tenemos sol, ellos nubes grises.
Hagamos que vengan vientos para que brille el sol.

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