PELILLOS A LA MAR ROSITA


Es curioso ver como las palabras más hermosas se ensucian en las bocas falsas.
Como la palabra democracia en boca de personas malintencionadas se convierte en un vocablo sin contenido, triste y nostálgico.
Son personas que dicen saber lo que necesitan los pueblos, que juran y perjuran estar en posesión de la verdad, del conocimiento taxativo de lo que su pueblo quiere.
Pero eso sí, sin dar un solo resquicio de libertad para que ese pueblo exprese tal verdad.
Una de esas personas es Rosa Díez, la misma que clama a los cuatro vientos que su partido nació para luchar por una sociedad vasca “normal”.
Normal y a poder ser sin vascos, sin euskera, sin tradiciones y sin cultura, porque esta persona, en extremo peligrosa, no desaprovecha oportunidad alguna para mostrar su odio cerril a lo diferente de lo que ella considera “español”, y no hace ascos a estratagema alguna para lograr sus propósitos.
El insulto es su medio natural, el desprecio del que hace gala hacia catalanes, vascos y gallegos cada vez que puede no tienen paliativos.
Puede permitirse utilizar el término “gallego” en el sentido más peyorativo del término para insultar a derechas e izquierdas para acto seguido jurar sin afectación alguna y con media sonrisa que no quiso ofender a nadie y un segundo después destaparse diciendo que ofenderse por eso es una muestra de intolerancia, complejo de inferioridad o perturbación nacionalista.
Así es ella.
Ahora la señora Díez, con perdón de las señoras de verdad, está enfadada; las encuestas indican que Bildu podría ganar las elecciones vascas o en el peor de los casos ser la segunda fuerza política en las elecciones del País Vasco del próximo veintiuno de octubre, por detrás del PNV.
Ante esta información podía haber recapacitado, podía haber revisado su programa y sus modos para tratar de mejorar esos resultados en su favor.
Podría volver a aquel soniquete de la democracia, la paz, la felicidad.
Pero es lo que pasa siempre, los mediocres cuando se quedan sin enemigos pierden su razón de existir, los mediocres cuando no tienen una finalidad obvia, se inventan una, se la creen y tratan de conseguir que el mayor número de personas caigan en sus falacias.
Se reinventa ETA, la reaviva, la lanza como arma arrojadiza al ruedo y busca que algunos incautos muerdan el anzuelo, lo que sea para lograr ese escaño deseado.
Habla de Bildu como de verdugos de las libertades, que no respetan las leyes, que han asesinado.
No sabe de la valentía que hay que atesorar para vivir en el entorno de ETA, caminar, comer y existir en ese ambiente y además tener lo necesario para plantarse delante de ellos y pedirles que lo dejen.
Ahora que formaciones como Bildu cumplen la Ley, a la Sra. Diez no le gustan estas competencias, resulta que cuando la ley de partidos impone sus condiciones e impide presentarse a las elecciones a la formación abertzale, ella lo aplaude borracha de democracia y cuando la misma ley imponiendo idénticas con diciones, no encuentra argumentos legales para insistir en la prohibición y les faculta para presentarse, a esta energúmena se le corta la digestión, se caga en la democracia y escupe al pueblo vasco a la cara llamando nazis y asesinos a unos contrincantes que previo al permiso han sido examinados con lupa.
Si la señora Díez pudiese visualizar su trayectoria política, esto le ayudaría a entender que ha pasado del socialismo fascista del PSOE al populismo barato de caudillitos ridículos.
Entendería que su comportamiento ha supuesto una absoluta decepción tanto por por el desconocimiento de la realidad del pueblo vasco como por su mala fé.
Ahora esta señora, tránsfuga del PSOE porqué no fué elegida como Secretaria General, ataca sin medida a sus oponentes con frases como:
“También los nazis llegaron a las instituciones y ¿eso les convirtió en demócratas? No, les convirtió en mucho más peligrosos”.
Y en eso tiene razón, toda la razón, pero también es cierto que su partido ha llegado alas instituciones y ésto no les ha hecho fieles a su propuesta.
Fallando a la confianza de sus votantes vendiendo sus votos por los pasillos del Congreso a quien sea para obtener lo que los votos no han llegado a darle.
En los mitines se habla demasiado, todo vale y no existe un control ético.
La falta de argumentos lleva a los imbéciles a lanzarse acusaciones gravísimas entre si, a enzarzarse en absurdas batallas dialécticas solamente diseñadas para evitar hablar de lo que importa, para eludir a toda costa el desgaste político que supone tener que mentir como perros por conseguir esos jugosos votos.
Pero no tengamos miedo, ella sabe lo que el pueblo vasco quiere, ella sabe que el pueblo quiere políticos con lo que hay que tener y sabe que a eso no llegan ni de lejos ella sus colegas.
Y para mayor gloria de su úlcera, los vascos votaremos en libertad y así sabremos si estamos mejor representados por Bildu o por Upyd.
Pelillos a la mar.

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