VOTAR Y AMAR


Me pregunta mi pareja la opinión que me merecen los resultados de las elecciones gallegas.
Respiro e intento disuadirla de obligarme a responder a tal pregunta.
En realidad, lo único que me resta decir de las elecciones, tanto de las gallegas como de las vascas, es que por mucho que duela a unos y agrade a otros, se da una verdad objetiva.
De entre todas las mentiras, las acusaciones, los oscuros intereses y las vueltas de tuerca; se deriva una verdad infinita.
En ambos casos, han ganado la mayoría de las personas que ejercieron su derecho al voto.
Eso no acepta interpretaciones, no hay formas diferentes de entenderlo, es así objetiva y empíricamente.
Se lamenta ella en cierto modo de no compartir mi pasión por la política.
Para ella ese es un mundo oscuro y lejano en el que no caben mentes ingenuas, ella vota a lo que tradicionalmente ha entendido como bueno y no se plantea ni el medio ni el largo plazo.
Y es normal, ella es una mujer de arriba a abajo, lee a la perfección las premuras cotidianas y no le gustan las medias tintas, ella me quiere entero y verdadero, aquí y ahora; ella quiere compartir miedos, alegrías y preocupaciones; ella de mi lo quiere todo.
Pero yo funciono a otro ritmo, yo quiero pensar que el mañana que vamos a construir será perfecto y quiero observar, comprender y decidirme por aquel que parezca que dirige sus pasos hacia esa perfección.
No le exijo que llegue, ni que se acerque; solo le pido que nos dirija en esa dirección y que lo haga con calma, pasos firmes y sólidos.
Es por eso que me muestro inquieto con la política, por eso que las mentiras me afectan incluso en el ámbito del despecho personal.
Por eso no acepto la abstención, por eso no entiendo que alguien se lamente del mundo que estamos construyendo y que luego no sea capaz de perder cinco minutos un domingo para intentar cambiarlo.
¿Qué esperas de una clase política que conoce tu pereza y que se beneficia de ella?
A los que no quieren saber nada, a los que se tapan los oídos y lo que es peor, la boca; tampoco les reprocho nada, solo son víctimas de una cortedad alimentada por la falta de estímulos.
Personas a las que solamente les falta vivir la situación concreta, el instante, el punto de inflexión en el que comprendes, en el que te das cuenta de que algo no funciona y en el que localizas al responsable del desastre.
Es entonces cuando las personas comprenden mi inquietud por la política y la de miles de personas como yo, cuando comprenden que de cada situación tiene un culpable.
Porque en ese momento igual estamos teniendo un hijo y necesitaremos una atención que no sabemos si nos podremos permitir.
Hemos de ser conscientes por qué, por culpa de quién nuestra mujer ha de pasar ahora por un sufrimiento terrible para traer al mundo a nuestro pequeño cuando hace unos meses ese era un mal menor.
Recemos por la salud de propios y extraños, recemos por la salud de nuestro recién nacido; porque podemos encontrarnos impotentes viendo como la salud escapa por sus jóvenes poros sin que podamos acceder a un tratamiento para él.
Pero no seamos aves de mal agüero, seamos positivos y otorguemos a la suerte un galón; vamos a pensar que el nioño viene al mundo sano y fuerte, listo, vivaz.
Crecerá y nuestro pequeño necesitará una educación que no sabemos si nos podremos permitir.
Recordaremos que los mismos a los que votamos, hicieron que nuestro hijo no pudiese acceder a la educación superior.
Simplemente se la reservaron para clases pudientes y para cuatro privilegiados afines.
Si votásemos con el corazón puesto en nuestros hijos, más de uno se iba a encontrar con una inaudita sorpresa, con la humilde lección de la realidad chocando con sus ideales.
Pero no solo tenemos hijos, también tenemos mayores.
La vida es implacable, los años son su brazo ejecutor; nuestros mayores poco a poco irán a menos.
Llegará la vejez, el cansancio, las pérdidas y la salud que abandona.
Si, ellos también necesitarán unos servicios que no nos podremos permitir, tratamientos largos que no podremos costear.
Y todo esto va a ocurrir a diez años vista más o menos.
Por todo esto creo que es importante la política, porque hay que intentar ver quien hace que esas cosas ocurran, quien hace que dentro de unos años mis padres sufran por no poder pagar un tratamiento.
Porque quiero poder un día levantarme y señalar con el dedo a quien nos lo ha quitado.
Por eso lo considero importante, por eso considero que el acto de ir a votar ha de representar la comunión entre el egoísmo brutal del ser que defiende su casa y el amor incondicional del hombre que quiere un mundo mejor para sus hijos.
Si conseguís entender que votar es amar, habréis empezado a ganar esta guerra que ellos han empezado.

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