AGONÍA DEMOCRÁTICA


No puedo comprender la tibieza con la que el PSOE se está tomando las derrotas.
Batacazo a batacazo, se cumple la sentencia de muerte de un partido que presumía de ser socialista y obrero.
Tiene toda la pinta de que es una traición bien orquestada, un atentado a la democracia en el que la víctima no es otra que la pluralidad política.
Y la verdad es que el drama ideológico del socialismo en esàña es sangrante.
Un partido que se dice de izquierdas se hunde practicando políticas neoliberales, políticas de derecha dura, con represión policial incluída.
A la hora de votar, si un ciudadano quiere votar ese tipo de políticas, lo que no va a hacer es darle su confianza a un sucedáneo, lo hará a un partido de descarados idearios fascistas y no a un partido que ha sido el paradigma del chaqueteo y de la corrupción a lo largo de su historia.
Cada sufragio, cada consulta, se traduce en un nuevo chorro de vida derramado y sin embargo en las entrañas del partido se empeñan en mantener a los mismos personajes siniestros al frente de sus destinos.
No me creo que en las filas del PSOE no haya un solo joven de claros pensamientos democráticos, no me creo que no haya un capital humano deseando girar a la izquierda y que no puedan hacerlo por presiones de los barones, del OPUS infiltrado entre las fibras de la democrácia.
El partido socialista inició un camino de no retorno hacia su desaparición y la herida creada en sus entrañas es profunda y supura neofascismo, terror en aquellos a los que ha cerrado la boca a golpes y que ahora corren despavoridos en todas direcciones buscando cobijo para sus maltrechos ideales democráticos.
Los métodos iguales, demasiado iguales a los del PP, decreto ley protegido bajo el vayvén de las porras y las pelotas de goma, leyes a medida dispuestas para generar ese cómodo espacio de impunidad tan necesario para los desmanes de sus políticos, represión y ruina generalizada.
Esto al PSOE se le reprocha siempre doblemente, porque es algo que se espera de un partido declarado de derechas, quien vota al PP ya sabe lo que vota; pero en que vota socialismo lo hace esperando justicia social y la traición se hace cruel.
Algunos lo han olvidado y vuelven a confiar en ellos, pero cada día son menos.
En Euskadi se hunden, en Catalunya igual, en España están cerca del ridículo y sin embargo, no se mueve nada en las vísceras del animal socialista.
Es una muestra más de la pobreza política de este país, un ejemplo más de la estupidez supina de un pueblo que vota sin el convencimiento de que cada vez que acude a las urnas lo hace en nombre del futuro de sus familias.
Un pueblo que deposita el porvenir de su país en manos enemigas de forma gratuíta, a lo tonto.
Un pueblo que no ha sabido gestionar ni merecer el poder que la democracia depositó en sus manos a la muerte de Franco.
No somos un pueblo libre, no nos gusta serlo porque implica responsabilidades que no estamos dispuestos a asumir.
Jamás veremos a un ciudadano español preguntándose qué puede hacer, qué puede poner de su parte para mejorar las cosas.
Lo veremos quejarse, lanzar lamentos lastimeros e intentar que sea el vecino el que se eche a la calle a defender los derechos que nos e atreve a defender por sí mismo.
No buscamos soluciones, buscamos quien nos las aporte y ese camino solo puede crear una cosa: tiranos.
Nuestro sentido de la revancha nos lleva a alegrarnos por la debacle del tridor, a disfrutar de los estertores del cadáver socialista, pero tras la sonrisa que provoca tal tragedia, hay una realidad dolorosa.
La pluralidad política desaparece, las opciones de reparación se diluyen en un pozo ciego y el país muere democráticamente.
Definitivamente no es motivo de felicidad el desastre socialista, ni para propios ni para extraños; no es motivo de alegría la homogenización ideológica de un país, porque eso se paga y la moneda de cambio es la libertad, los derechos fundamentales de los ciudadanos y la depredación desaforada de los fondos destinados a los servicios sociales.
Y esto nos lleva al presente, a la cruda realidad.
¿A quién votar si todos son iguales?
¿Qué opciones tenemos?
A día de hoy no hay opciones, antes o después deberemos crearla y antes o después deberemos asumir que cuando esa opción nazca y se consolide, tendremos que ser extremadamente duros con el legado de la impune corrupción.
Habrá que ilegalizar ideologías, toda filosofía que se haya mantenido aplicando violencia contra el pueblo no podrá sostenerse en un nuevo marco político.
Todo individuo que se haya beneficiado del expolio del país habrá de ser juzgado y condenado; el pueblo necesita constatar que se puede encarcelar a los políticos corruptos.
Y habrá que reconsiderar el ideal de democracia que nos han inculcado, porque a día de hoy no ha aportado nada bueno para el país, al contrario, hasta hoy ha supuesto un goteo de derechos perdidos que está haciendo buena a la dictadura.
La justicia, la administración, ls fuerzas del orden; todo está contaminado y hay que empezar de cero.
Y esa empresa no va a ser acometida por aquellos que destruyeron el sueño democrático beneficiándose del asalto.
Hemos de ser nosotros quienes lo hagamos y ha de ser desde dentro, desde los propios cimientos del sistema.
Creemos una alternativa ya.

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