LO QUE QUIERAS


He llenado los cielos de fuego para que los ojos del águila no me vean correr.
He regado los caminos de sangre para que la muerte pueda seguir sin mayor esfuerzo mi rastro.images
He cerrado las puertas a mi paso, para dejar de sentir las presencias de vidas pasadas.
Tomé todas las precauciones, escuché los consejos de mis mayores y di los pasos medidos, realicé los movimientos certeros y tuve los pensamientos justos.
Y he aquí que en las inmediaciones de mi destino me hago la pregunta aterradora.
¿Qué será de mi cuando llegue, que será de mi cuando alcance mi norte?
El vacío se encoge de hombros decepcionado.
No quiero escuchar la voz de la decepción, soy consciente de su lección.
Llegar al final antes del final, llegar siendo el mismo que partió es el fracaso cruel, la certeza de la vida vacía.
Me niego, me revelo, me odio y rebiento.
Mis pies no pisarán una sola vez más el trazado certero, la recta directa, la curva perfecta.1
En esta carrera me niego a ser el primero.
Abro la puerta y siento el fuego, alegría desbocada, dolor dulce que me hace invulnerable al infierno.
El águila atónito muestra sus respetos, la muerte se aparta de mi camino con una reverencia.
Elijo pues la vida, la ignorancia.
Elijo pues los caminos inciertos, los que golpean, los que llagan los pies y doblegan el alma.
Elijo ser hombre y como hombre elijo aprender.
Quiero conocer a todos los hombres que soy, quiero maldecir mi suerte, quiero arepentirme tantas veces como sea necesario.
No llegaré a mi destino sin cicatrices.
A ti me entrego pues vida mía, harpía amordazada que dueles.
Demonio que tienta, demonio que abandona, que vuelve y que te pones de mi parte.
Presa soy de corazón, presa del desamor, del reencuentro, de la ilusión.
Víctima de mi mismo, de ti, de ti y, por qué no, de ti también.
Hazme grande dolor delicioso, hazme fuerte peste maldita.dolor-427x285
Emponzoña mi mente con pensamientos vanos, lléname de apetitos reprochables y colmalos.
Hazme terrible, tierno, traidor y perro.
Hazme señor y esclavo, llámame cabrón, susurrame palabras de amor.
Dame la victoria sobre la mediocridad, llena cada segundo de perdición, soy tuyo y a tu voluntad doblego mi orgullo.
Más vida mía no me abandones, no me dejes, no permitas que viva sin vivir, desliza tu cuchillo por mi garganta, por mi pecho y por mi espalda; mas no permitas que en este temprano fin este hombre tenga que preguntarse por los instantes perdidos.
Haz de mi lo que quieras pero que este viaje no acabe nunca.

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