MUSICA


Vio la naturaleza que el ser humano se perdía, que el enjambre de insectos se salía de su regazo y arremetía contra todo aquello que hizo del hombre lo que era, traicionar su propia esencia.
Así lo exigía Dios, así lo exigía aquella nueva forma de energía cancerígena que mordía la esencia del hombre, que lo desvinculaba a violentos tirones del vientre de su madre.musica_psicologia_musicoterapia_dislessia
Mucho tuvo que sufrir la vida con la aberración que llegamos a ser, mucho tuvo que soportar y mucho tuvo que amar para retirarse cabizbaja con el llanto del exilio en su rostro y los puños apretados para contener su rabia.
Pero la naturaleza supo encajar la derrota, supo retirarse a la dulce amargura de la latencia, la espera.
Dios sonreía desde las alturas usurpadas, creó su trono en los cielos y dio a los hombres el concepto de arriba y abajo, de superiores e inferiores y desde entonces los seres humanos perdieron la inocencia, la conexión con el todo y consigo mismos.
Pero no iba a ser una victoria fácil, no iba a ser un exilio dulce para el vencedor de la batalla.
A su espalda, la madre, dejo una bomba de tiempo, un dispositivo que encerraba en apenas un segundo todo lo que fue la humanidad en los viejos tiempos de la inocencia.
La música.
Esa fuerza extraña, esa energía que genera una longitud de onda, un estado mutante del entorno capaz paliar los estragos que esto que hoy llamamos humanidad causa en los seres humanos.Madre Naturaleza_800

Sutil omnipresencia entretejida entre las fibras de nuestra mente que nos bombardea, que nos modifica, nos destruye y nos reconstruye.

Extraordinaria potencia que repone aquel sistema nervioso no individual, aquella conexión neuronal entre los sujetos individuales del enjambre que de repente lloran juntos, ríen juntos, saltan y alzan sus manos insolentes e independientes durante un corto lapso de tiempo libre de dogmas, de dioses, de tiranías espirituales.

De pronto la madre naturaleza nos recuerda que todos somos iguales, que nuestros pies de barro son fuertes y que nuestras almas no nos pertenecen sino que todos juntas son una y que solo en ese estado podemos recuperar el sentido de la vida que nos ha sido robado.
La sentimos en el latido del corazón, y el animal oculto bajo capas de fe y cultura sincroniza su pulso con su compás, resuena y entra en sintonía con su longitud de onda, y es entonces cuando aprendemos mejor; cuando imaginamos; cuando creamos y cuando somos más conscientes de nosotros mismos.
Dios comprendió tarde el poder de la música y cuando quiso reaccionar no supo hacerlo.
Primero la quiso hacer suya, después quiso destruirla y ante la atónita mirada de su soberbia tuvo que tragarse su derrota.la_ira_de_dios_01
Aquellos insignificantes hombres bajo el influjo de la música se fortalecían; los latidos de sus corazones se convertían en martillos; superaban el dolor; sanaban las heridas del cuerpo y del alma y sobre todo, rompían las cadenas impuestas por la doctrina y liberaban esa luz esplendorosa que ciega emitiendo andanadas de creatividad, de sensibilidad.
Ese es el legado de la madre naturaleza al hombre, al ser humano que ella parió incrustado desde la matriz, desde el vientre materno y que estalla en el momento de nacer.
La música es vida y si tal legado no explica qué somos, nada podrá hacerlo nunca.

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