LINTERNA EN LA PARED


Durante la enésima revisión de mi novela, me doy cuenta de que aprendo, y eso es bueno.
imagesY mientras aprendo, voy conociendo cosas, eso también es bueno.
Lo malo es que llegar al convencimiento de las bondades de evolucionar, implica una serie de tragos amargos que le dejan a uno la boca descompuesta.
Porque cada vez que termino una revisión, me doy cuenta de aspectos nuevos, de matices que por ignorancia no he tenido en cuenta y eso me lleva a trazar una nueva circunferencia en torno a un trabajo que daba por terminado y que resulta que apenas he empezado.
Viene a ser como apuntar con una linterna a una pared lisa que de pronto ya no parece tan lisa.
Uno no sabe si odiar la maldita pared, la maldita linterna o a ambas.
Menos mal que si bien el consciente es un inconsciente, el subconsciente sabe lo que se hace y agradece esa luz que hace emerger esos atentados que la mediocridad ejecuta contra tu trabajo.
tirando_la_pc_por_la_ventanaNuevos conceptos, nuevas perspectivas y  alucinas; cada párrafo, cada línea toman un sentido diferente, una razón de ser que antes no tenían.
Esto, claro está, tiene un precio, una porción de autoestima más que se queda en el camino y que debes suturar con frágiles y enredadas hebras de humildad.
Cada costura es un sacrificio, un suspiro de desesperación que puntada a puntada remienda muchas de esas frases geniales que creías daban profundidad a la narración y que ahora se convierten en churros crudos que no va a haber forma de que se los trague nadie.
Y aquí estoy, una vez más frente a frente con la novela del diablo, dando buena cuenta de los cabos sueltos, explicando lo que daba por entendido y dando su espacio al tiempo.
Tengo la sensación de estar frente a un cura que habla sin parar mientras se forma uno de esos hilitos espesos de saliva seca en sus labios.
Al principio escucho con buena disposición lo que me dice porque soy así de majo, porque soy un tipo atento que sabe respetar la sabiduría de un hombre santo.
Segundos después el tipo pasa de parecerme un santo y se convierte  en un alien corrosivo que dentellea constantemente las palabras salpicando sangre por doquier.
El hilito de repente empieza a incrementar su tamaño, imposible perder de vista el objeto amenazante cuyo destino inminente es salir disparado hacia alguna zona de mi impoluta anatomía.
Cabeceo y pongo cara de comprender, pero no le comprendo, ni siquiera le oigo, el tipo está escondido detrás de esa babita y ya no le veo, no percibo asomo alguno de su presencia y lo único que quiero es huir antes de que el proyectil de engrudo salga de las comisuras de sus labios hacia mi cara como un misil.comunicadores-locos-suenos-influencia-L-CdR3yA
Así me siento leyendo, una vez más, el título de mi novela y dudando si sobrevivirá a esta nueva tentativa hacia la satisfacción.
El impulso reflejo es el de lanzar el ordenador por la ventana, ahora se por qué los buenos escriben en papel.
Los errores eclipsan a los aciertos y estos últimos quedan desprovistos de contexto, con lo que me he quedado desolado y con el único trofeo de ver que aun en la desazón, hay perlas que  empiezan a adquirir un cierto brillo.
Así que aplicaré contención, no me voy a desanimar; algo me dice que esta vez es la buena, seguro; esta vez va a quedar perfecto, redondo.
Me remuevo en la silla de pura excitación, a por él.

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