EL CIRCULO DE LOS CIRCULOS ROTOS


Quise romper el circulo vicioso.
Dar un puñetazo en mi enorme mesa vacía e interrumpir esa sucesión de acontecimientos que siempre me sorprendían a traición.1327520741532_f
Desenlaces imprevistos que llegan sin avisar, y que siempre, sin excepción, terminaban con mi cara convertida en la máscara de un idiota.
Lo cierto es que mi duende interior no daba dos céntimos por mi.
Su risa, su sarcasmo herían más aun que el desengaño.
El puto enano dudaba de mi inteligencia, de mi decisión; ponía en tela de juicio mi voluntad, mi sospechosa incapacidad para discernir el momento en el que estaba metiéndome de patas en un jardín embarrado.
Tenía razón, tan burro soy que cuando equivoco un camino, no pienso en dar media vuelta, pienso en seguir adelante, ver hasta dónde me lleva y espero que en aquel lugar al que no iba tenga un enlace más o menos airoso con mi camino original.
El maldito duende sabe que eso nunca es así, por eso su ironía.
Es más, por decir que dudaba, dudaba hasta de mi imaginación y eso sí, eso sí me molesta.
Declaré la guerra al enano, a mi mismo, al mundo, al aire e incluso a las nubes.
Mi mirada se transformó en un velo de odio que solo veía las sombras que la luz crea, las flores marchitas junto al río podridas por el empacho de vida que ofrecen las aguas cristalinas, el humo rasgando el cielo azul.
Declaré la guerra a la vida y el mal, el odio y la tristeza anidaron en mi alma e hicieron de ella su hogar.
Eso es la soledad, eso es lo que tiene levantarse solo, pasear solo, comer solo y dormir solo.
Primero se pierde la facultad de hablar, después la de entender; un poco más tarde pierdes la vista, el oído  el tacto.268615782_0c697d40e8_zY es entonces cuando todo en tu interior se transforma en piedra, sólida, serena e impasible piedra.
Y es un estado simpático, permaneces ahí viendo la vida pasar, a salvo de las emociones, a buen recaudo de sus consecuencias.
Ciertamente es un estado simpático, si no fuese porque debajo de la estatua estás tu, bajo capas de cuarzo, feldespato y mica hay un pulso contraído que se agota entre estertores silenciosos.
Débil como la última exhalación de un moribundo; pero con la suficiente potencia como para torturar tu razón.
Un último grito, una última descarga y mi alma entró en singularidad.
Un agujero negro empezó a engullir mis sensaciones a la velocidad de la luz.
Un latido atronaba los inmensos espacios vacíos de mis entrañas y allí estaba yo.
Minúsculo, insignificante, con mis brazos laxos, mi voluntad muerta y mis ganas agotadas.
Allí estaba yo obligado a luchar en una batalla que deseaba perder con todas mis fuerzas, yo estaba del lado de mi enemigo y una vez más estaba haciendo exactamente lo contrario de lo que deseaba hacer.
Sin fuerzas, sin ganas y sin convicción arremetí contra mis demonios.
Era una pulga acometiendo contra un dinosaurio.
Y ocurrió, por alguna razón que desconozco y sin un excesivo desgaste energético por mi parte, lo conseguí.
Muerto y resucitado; reencarnado en la infamia, yo era poco menos que una de esas moscas gigantescas, negruzcas como cagadas de oveja aladas.Manton-02061256
Yo era uno de esos bichos insufribles que disfrutan estampando su peluda cabeza una y otra vez contra lámparas, paredes y mesas hasta dar con el lugar perfecto: un cristal.
No lo siento por la mosca a la cual usurpé el cuerpo, a la mierda con ella.
Solo me molestaba pensar en esa obcecación por equivocarse.
Estuve tentado de tener una conversación seria con el maldito bicho, pero tras un infructuoso intento de romper el hielo tuve que consolarme pensando que para el insecto aquella era una situación divertida, si; pero también dolorosa, y sobre todo, frustrante.
Además, algo me decía que la jodida mosca no iba a escucharme.
Imposible saber entonces que para salir de la oscuridad no bastaba con caminar hacia la luz.
Imposible entender entonces aquella fuerza invisible que delimitaba los contornos de mi vida.
Siempre pensé que era yo, que algo dentro de mi iba y venía a su antojo dosificando mis momentos de paz y mis accesos de ira.
No recuerdo en mi vida un instante como este, un momento en que me haya frustrado tanto tener razón.
Porque de pronto lo logré, tuve lo que hay que tener para romper el circulo.
Y se me cortó la estúpida sonrisa triunfal con una mueca de estupor.
La sonrisa se heló en mi cara porque tras mi escueta pero sentida celebración, de pronto me encontré enredado en un círculo lleno de círculos rotos.

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2 comentarios sobre “EL CIRCULO DE LOS CIRCULOS ROTOS

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