DEMOCRACIA


Y he aquí que la democracia nacía de las preclaras mentes clásicas, de aquellos hombres excepcionales que teorizaban sobre el cielo y la tierra, sobre los dioses y los hombres.
De aquellos soñadores que hablaban de libertad a la sombra de sus esclavos y que escribían sus conclusiones al abrigo de su reputación inmaculada tras el ardor del debate.000201430
Concepto extraño de mil caras, punto de partida siempre extranjero que promete un paseo tortuoso pero seductor.
La democracia básicamente se reduce a un camino de voluntades encontradas, de direcciones paralelas que ha hecho de la humanidad paraíso y calvario.
Dualidad vital que solo ha necesitado de la mano de unos pocos hombres para que, como tantas otras cosas, las esperanzas del mundo mueran.
Hoy democracia se refiere a un sistema social, a un modo de convivencia supuestamente ideal en el que prima un arbitrario reparto de la riqueza y la animalización de la masa popular que reducida a la categoría de reses se ve abocada a sobrevivir en la más absoluta miseria.
Así pues, lo que los políticos modernos y no tan modernos nos venden como democracia no es sino otra cosa que un canto al desencanto, un estado de polarización mental que aniquila el ideal del bien común imponiendo la maldición del “conmigo o contra mí”.
Hoy la sociedad es una tragedia viviente, un fracaso permanente en el que cada día la humanidad muere un poco más a manos de unos monstruos, fuerzas reaccionarias de derecha y de izquierda que han traicionado a sus pueblos, que han abandonado a la humanidad enloquecidos por el egoísmo y por la obsesión insana de imponer sus postulados.
Y para lograr cumplir tal misión no hay bajeza lo suficientemente grande como para hacerles detenerse un instante y recapacitar.
Si a un actor de este teatro de las mentiras se le ocurre mostrar un solo titubeo, el sistema le devorará y colocará un nuevo figurante en su lugar, un protagonista más dispuesto, mas resuelto a hacer lo que sea necesario para obligar a su pueblo a aceptar e imponer tales dogmas.CP_EDIIMA20130908_0030_5Hoy los españoles estamos derrotados, vencidos por la cobardía genética del sujeto pasivo que por no tomarse el trabajo de pensar y afrontar con valor sus propias culpas, se ha dejado arrastrar a la cómoda línea del dogma incontestable.
Hoy España es un esperpento que vota democráticamente a los que odian la democrácia, un payaso estúpido que rie las gracias del amargado.
Hoy este país es una aberración política que esgrime la constitución como fuente de razón al mismo tiempo que la pisotea, la enaltece, la reescribe y la manipula.
El precio es alto, el precio es un pueblo sin trabajo abocado a perderlo todo, a languidecer enfermo bajo un puente y a morir abandonado en una cuneta.
Un pueblo al que le han robado todo su esfuerzo y que ahora impotente observa anonadado que el futuro es intemperie, marginalidad, enfermedad y muerte mientras los demócratas constitucionalistas se lanzan como bestias sobre los despojos de sus desvelos.
Lo peor de todo es que lo tenemos merecido, no leemos, no entendemos, no comprendemos.
Los clásicos inventaron la democracia y a su criatura la dieron un nombre, una palabra que definiese, que condensase en un solo golpe de voz una filosofía amplia y profunda.Democracia: gobierno de todos.
Nosotros hemos permitido que intereses personales lleven tan hermosa palabra, tan enorme contenido a la podredumbre.Hemos permitido que esos traidores a la humanidad transformen ese gobierno de todos en un sistema que hace desaparecer a unos cuando mandan los otros y viceversa.1370201851991Un estado de enajenación mental que nos obliga a admitir que ese vecino o familiar que da su voto al contrario político, es un enemigo que no tiene nuestras mismas necesidades ni tan altas intenciones como las nuestras.
Así hoy, lo que los traidores profesionales llaman democracia, se reduce a un estado de opresión armada carente de forma alguna de legalidad que a diario invita a la guerra civil.
Y es que los tambores de guerra no suenan porque los que exigen cambios tengan el asesinato en mente como argumento primero para imponer sus criterios, las armas rugen cuando los traidores que viven de ese estado corrupto son capaces de matar por perpetuar un modo de vida injusto que les beneficia.
Y aquí estamos, ante la certidumbre de nuestra responsabilidad, esperando que le desesperación crezca lo suficiente para consumir nuestra pereza; esperando que nuestra desesperación obligue a nuestro organismo a generar la energía interior necesaria para levantar el puño y exigir un nuevo dogma que nos guíe a lo largo del futuro inmediato.
Ese dogma ha de ser simple, ha de ser definido por un golpe de voz, ha de ser condensado en una sola idea y jamás, nunca, permitirá que ningún actor desaparezca del escenario.
Democracia.

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