SINCRONÍA POLÍTICA. O TODOS O NINGUNO


Recuerdo aquellos tiempos en los que la bonanza nos hacía hinchar el pecho con suficiencia, aquellos tiempos en los que nuestro sistema nos cebaba de orgullo como a cerdos y engordaba nuestros egos mientras nosotros chapoteábamos en charcos de fango y mierda gozosos.
Todo lo malo en el mundo llegaba de aquellos países fríos, grises y oscuros; aquellas naciones sin sentido dominadas por terroríficos regímenes comunistas en los que los estados decidían el futuro de los seres humanos que los habitaban convirtiendo a las personas en especies adaptadas a fines concretos.Captura
Nos vanagloriábamos de nuestro sistema de libertades, de nuestras calles iluminadas, de los escaparates hipnóticos y del cantarían tintineo que los ríos de vil metal dejaban a su paso por nuestras vidas.
Hoy, agotados y exprimidos, seguimos sin atrevernos a reconocer que quizá estábamos equivocados, que aquellos países “enemigos” de la libertad no estaban tan equivocados como pensábamos.
Seguimos sin querer reconocer que quizá no eramos tan felices en nuestro maravilloso río de luces como imaginábamos.
Hoy con el castillo de arena desmoronado nos lamentamos del engaño, nos indignamos del abuso de los que pusimos como gestores del paraíso y maldecimos la voracidad con que nuestro modo de vida se revuelve ahora contra sus criaturas, contra nosotros.
Y educados en la cultura de la razón absoluta, en la ideología extrema del imbécil genético que da más valor a llevar la razón como sea que a decir la verdad, somos gusanos debatiéndose en el suelo sin brazos ni piernas para correr.
Y aquí estamos, buscando una idea, un mesías que nos saque de esta.
Algo o alguien que nos de un camino a seguir, que nos diga lo que necesitamos oír para agarrarnos a un nuevo pensamiento que arregle las cosas.
En definitiva, necesitamos imperiosamente una nueva idea que nos de la razón, aunque sea a tiros, y que anule por completo las ideologías anteriores.
Volvemos a equivocarnos en el concepto base.
Las ideas absolutas siempre, siempre terminan en el mismo lugar, pueblos oprimidos, miseria, corrupción y más miseria.
Ese es el concepto a cambiar, ese es el paso que la historia aquí y ahora exige de la humanidad.
Ningún sistema es absolutamente bueno siempre que su funcionamiento se base en la eliminación de los otros.
Ningún sistema es absolutamente malo cuando son los contrarios los que deciden la bondad o maldad de ese sistema.
Todos tienen luces y sombras, todos tienen una doble cara y todos destruyen cosas que los otros desean construir.
El régimen militar anula al individuo, lo convierte en una pieza cuya vida tiene un fin y hace de ese fin su filosofía.
La rigidez de sus conceptos, la estructura pétrea de mando y obediencia y la presencia constante del miedo al castigo hacen de este sistema un monstruo capaz de llenar enormes agujeros de cadáveres.
El comunismo, el eterno antagonista del régimen militar, paradójicamente se diferencia muy poco de su contrario.
varioshablandoAnula al individuo, usa la fuerza, conceptos rígidos e inflexión legislativa.
Y luego abarcando todo el resto de posibilidades, hay un monstruo feroz al que llamamos capitalismo.
Si bien los dos primeros sistemas han actuado con violencia hacia el exterior y hacia el interior de las naciones, también hay que reconocer que ambos son el resultado de la ira, ambos nacen de los desastres que el tercero deja a su paso en el ejercicio de su voracidad depredadora.
Y llegamos al punto de colapso ¿qué hacemos?
Realmente todos sabemos lo que tenemos que hacer, solo hacemos las preguntas equivocadas para no reconocer que hasta hoy, no hemos tenido la razón una sola vez y eso tiene una digestión pesada.
¿Bajo que régimen nos abrigamos ahora?
Otra pregunta errónea, probemos otra.
¿Qué necesitamos los seres humanos, todos los seres humanos en cualquier rincón del planeta?
Pensemos en esas cosas sin las cuales la actividad humana moderna es simplemente inviable.
Agua, saneamiento, limpieza, comunicaciones, seguridad, justicia.
Son precisamente las cosas que el sistema capitalista ha convertido en negocio, que ha arrebatado al pueblo y que ha puesto en manos de empresas y amigos con el fin de lucrarse de forma desmedida explotando las necesidades básicas de millones de personas.
¿Es descabellado pensar que estos recursos básicos sin los cuales una civilización perecería estarían mejor gestionados por un estamento que basa su existencia en la disciplina, una organización transversal capaz de perdurar en el tiempo mande quien mande en el gobierno manteniendo estos recursos vitales lejos de manos indeseables y siempre a disposición no de individuos sino del grupo completo de ciudadanos?
¿Es una locura pensar que un estamento militar gestionaría mejor todo esto tratándolo como punto estratégico en la defensa de su país?
Y en segundo lugar.
¿Quién aseguraría mejor que un sistema comunista el reparto efectivo de estos servicios?
¿Quién repartiría todo esto mejor que un régimen que no ve individuos sino un conjunto homogéneo que debe recibir las mismas cosas en los mismos momentos?
Bien, ya tenemos los recursos básicos funcionando y llegando a todos y cada uno de nuestros ciudadanos.
tratosociedadAquí empieza el mundo de la economía, ese mundo en el que todo se compra y todo se vende.
Aquí, bajo la linea de lo necesario es dónde debemos soltar a la bestia capitalista, es en estas aguas donde debe nadar bajo la atenta mirada de los que limitan los espacios económicos dentro de los límites de la razón.
Un pueblo con lo básico garantizado es un pueblo libre, un pueblo que consume, que compra y que vende.
El dinero circula porque no ha de preocuparse por el frío, por la sed o por el hambre.
En ese marco el hombre es feliz y ejerce esa felicidad consumiendo.
El capitalismo no es malo en sí, si le permitimos campar a sus anchas solo sirve para que cada vez haya más diferencia entre los ricos y los pobres y si no se le limita, al final no será bueno ni para los unos ni para los otros.
Y su principal limitación no ha de venir del control ejercido sobre sus maniobras por los otros dos sistemas en juego sino por la individualidad del consumista.
Y aquí es donde se esconde la madre del cordero, porque nosotros, los curritos, los peatones no queremos tener razón, queremos que nos la den aunque no la tengamos y esa es el arma de destrucción masiva de este sistema.
Este sistema de “Sincronía Política” exigirá de nosotros más de lo que estamos dispuestos a ofrecer.
Tendremos que aprender a valorar de entre todo lo que deseamos que cosas son realmente buenas para no volver a caer en pozos sin fondo de los que no es fácil salir.
Aprender a apagar la TV que nos manipula y a desechar los anuncios que nos convencen de la necesidad de objetos que no precisamos y que en la mayoría de los casos no aportan nada más allá del placer que nos proporciona el acto de su compra.
Empezar a entender que aquí estamos de paso y que esta vida no es más que una mudanza constante en la que arrastrar cosas innecesarias; cosas que ocupan un lugar, cosas que pesan sin ser utilizadas no son más que un germen de desgracias, cosas que no usas porque quizá; seguramente no necesitas.
Y esa es la libertad amigos, el saber que lo básico llegará mañana y dedicar tu tiempo a decidir que zona de tu ego necesitas elevar.
Un maravilloso mundo subjetivo que no ha de ser común a nadie en el que decides lo que deseas.

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2 comentarios sobre “SINCRONÍA POLÍTICA. O TODOS O NINGUNO

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