ME LO REGALÓ UN TRÉBOL DE CUATRO HOJAS


Lo recuerdo como si lo estuviese viendo ahora mismo.
Eran las 14:20 ya de la tarde en el andén de la estación de 20061010155323-trebol-de-cuatro-hojas-800x600 Abaroa San Miguel de Basauri; una de las dos estaciones que tienen acceso directo a la fábrica en la que vendo mi salud y mi tiempo a cambio de dinero para hipotecas y marrones varios.
Veinte minutos de espera dan mucho de si y en aquel entonces no tenía un smartphone con conexión 3Gplus para entretenerme salseando por el cibermundo.
En aquel entonces uno hacía lo que se debe hacer en un andén, patearlo de arriba a abajo y si hay suerte mirar una piernas, un trasero o un escote siempre desde la discreción, obviamente.
Bien, esta estación cuenta con un handicap, todos los que se bajan o los que se montan en el tren a la misma hora que yo son tíos y mucho, mucho más feos que yo.
Maldita sea, no tengo smartphone y no puedo recrearme la vista; ¿qué me queda?
Exacto, mirar las hierbas del césped.
Es maravilloso ser hombre precisamente por cosas como esta, ellas son incapaces de algo así, pero nosotros, los machos y machotes patrios podemos estar horas paseando y mirando hierbas absolutamente desconectados de la realidad y sin pensar absolutamente en nada.
Y así avanzaban los minutos y el tren que debía llevarme a casa.
A diez minutos de que llegase mi transporte, entre un manojito de tréboles, amontonadillos como a ellos les gusta criarse, veo uno luciendo esplendoroso sus tres hojas y una cuarta que seguro habría de darme suerte a mi y a millones que como yo tuviesen la suerte de encontrarlo.
Lo primero que pensé fué en un libro, lo se, parezco un tipo raro, pero no.
No era un libro de botánica ni nada por el estilo, pensaba en un libro que me diese exactamente igual manchar metiendo entre sus páginas el trébol para aplastarlo y secarle.
Deseché la idea cuando me di cuenta de que aquel trébol me miraba fijamente, callado y quieto, con esa expresividad que caracteriza a los tréboles de cuatro hojas.
No se explicarlo, algo dentro de mi se rompió.todo-cambia-en-un-instante
Agarré mi telephone, no smartphone, y le hice una foto, allí mismo, sin permiso ni discreción alguna.
Le robé una imagen sin consultárselo, a lo loco y creo que le pareció bien, al menos no me dijo que no lo hiciera, claro que tampoco me pidió que no lo arrancase.
Lo se porque en su rostro inexpresivo de trébol de cuatro hojas no advertí señal alguna de disgusto y si un leve matiz de alivio.
Decidí que si la planta debía darme buena suerte ya lo habría hecho nada más verla, no hay ningún lugar ni procedimiento escrito en el que ponga que para que un trébol de cuatro hojas de suerte, deba ser asesinado y arrancado de cuajo de su medio.
Ante la falta de documentación veraz sobre la que basar mi decisión, llegué a la conclusión de que con la foto para mirarlo de vez en cuando y con el recuerdo de aquel momento, el trébol ya había cumplido con su parte del trato.
¿Que si realmente me dio suerte?
Pues la verdad no lo se.
En aquel momento comprendí que el resto de los seres vivos en el mundo están para que las especies superiores en la escala trófica se sirvan de ellos como alimento, entendí que todo en la vida tiene una razón de ser, un fin y que eso se ha forjado a lo largo de millones y millones de años.
Entendí que el fin último de aquel trébol no era darme suerte ni a mi ni a nadie, tampoco despertar una meditación filosófica de altura.
Al día siguiente en la estación había varios montones de hierba recién cortada; supongo que en alguno de aquellos montones estaría mi verde amigo muerto.
Me pregunté sobre la bondad de mi decisión, sobre ni no habría sido mejor secarle en mi libro y dejar constancia de su paso por mi vida en forma de trébol de cuatro hojas momificado.
Y entonces el trébol desde el más allá de los tréboles me habló.
Mira que eres tonto chaval, siempre me dirijo a mi mismo como chaval aunque ya no tengo edad, haces lo correcto una vez en tu vida y es la única tontería de la que guardas dudas.
Qué bribonazo, ahora entiendo; yo en mi patente superioridad evolutiva, fui manipulado por una diminuta plantita para que no la matase.
Humillante si, pero aleccionador, entiendo que su fin último era vivir un instante más y ante la grandeza de tal misión, no puedo más que inclinar la cabeza y dejarlo en paz.43
Me regaló la comprensión del valor real de “un instante más”.
¿Te apetece fumar? no te digo que no fumes, solo espera un instante más.
¿Te apetece drogarte? no te digo que no lo hagas, solo espera un instante más.
¿Matarías a tu vecino? no te digo que no lo hagas, solo déjale estar un instante más. 
¿Quieres poner fin a tus desgracias saltando al vacío? no te digo que no lo hagas, solo espera un instante más.
Me hizo un poco más paciente, un poco más listo y un poco más fuerte; me dio un instante más de humanidad, no se si eso es suerte u una enorme putada, pero la cosa es que el trébol de cuatro hojas algo me dio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s