DE SESTAO A BADALONA, EL NEGOCIO DE LA XENOFOBIA


En el ex-alcalde de Badalona, el ahora presidente de los populares catalanes, se da la personificación de una trampa terrible a la que son sometidos algunos ayuntamientos.
Los que tenemos una hija adolescente sabemos lo que es ver el miedo en los ojos de nuestro ser más querido, sabemos lo que es hacer ese miedo propio.
De un tiempo a esta parte, en el ayuntamiento en el que resido, el Sestao de Yosu Bergara hemos sido testigos de un boom de la inmigración.Captura
hasta aquí nada que alegar, Sestao ha sido históricamente un ayuntamiento difícil y sus peculiaridades no siempre han sido causadas por personas foráneas, eso es objetivamente verdad.
Sestao es una población nacida alrededor de los fallecidos Altos Hornos de Vizcaya, un monstruo gris y ruidoso que fue otrora motor económico de gran parte del tercio norte del Estado, no solo de Bizkaia.
Pero el monstruo ha muerto y sobre ese cadáver tratamos de subsistir.
La cuestión es que a una población machacada por el paro arriba esa inmigración sin medida, sin control alguno y nace en los oriundos una sensación de ahogo ya que ahora no solamente competimos entre nosotros por el trabajo, sino que lo hacemos con el planeta entero.
La legitimidad de este planteamiento da para un debate largo, duro, incómodo y profundo que a día de hoy nadie quiere asumir.
Pero hay otro planteamiento que es igual de espinoso y que aún con pocas ganas, debemos acometer de inmediato.
Con toda esa inmigración, entrevedados entre las gentes honestas, que son mayoría, que vienen a nuestro país a buscar un horizonte de esperanza para sus hijos han arribado a nuestras vidas elementos que han visto en un pueblo tranquilo el caldo de cultivo perfecto para perpetrar con mayor impunidad y libres de represalias aquellos actos por los que eran perseguidos y baleados en sus países de origen.La Crisis alimenta la Xenofobia
Y en estos grupos de indeseables apoyados por ONGs bienintencionadas es donde personajes como Bergara o Albiol encuentran los argumentos que nunca han tenido para alcanzar cotas de poder inimaginables para personas de tal cortedad emocional.
La estrategia es sencilla, sentarse y esperar.
Sentarse y esperar a que la delincuencia suba, y sube.
Sentarse y esperar a que el malestar popular aumente, y aumenta
Sentarse y esperar a que el hartazgo de los oriundos estalle, y estalla.
Cuando los padres tenemos que acompañar a nuestra hija adolescente al tren para que una panda de gitanas no la roben el móvil, cuando debemos ir a buscarla a la Plaza del Casco porque se ha tenido que refugiar en una tienda porque unos musulmanes la persiguen a ella y a sus amigas, el hartazgo estalla, vaya que si estalla.
Este es el momento en que los xenófobos dan ese paso al frente, dicen lo que queremos oír y les votamos atendiendo a una urgencia, a un miedo por la seguridad de nuestras hijas que oculta bajo más y más capas de odio las consecuencias de confiar en gente como esta.
Porque al día siguiente de ser votados, se olvidan del problema y es cuando nos damos cuenta de lo tontos que somos.
¿Cómo pudimos pensar que esos tipos iban a dilapidar su único argumento electoral?
No señores, entonces llegan las disculpas, el mecanismo estratégico funciona como un dispositivo perfectamente engrasado y a cada acción que acometen para simular su profunda preocupación por tan lamentable situación, una batería de ONGs responde al grito de xenófobo, racista, injusto, etc…
Ya están donde querían, gestionando aspectos de nuestras vidas que no tuvimos en cuenta cuando les votamos, cuando lo urgente no nos dejó ver lo importante.ovejitas-nota
Y así los alcaldes salvadores respaldados por el “buenismo institucional” de las ONGs tienen la excusa perfecta para no hacer lo que prometieron y vía libre para hacer todo lo que nos ocultaron.
¿La solución?
Empecemos a llamar a las cosas por su nombre.
Los extranjeros que delinquen no son inmigrantes, son delincuentes extranjeros y deben ser expulsados.
Las ONGs deben hacer el esfuerzo de establecer esa diferencia porque en tanto en cuanto no la hagan, van a estar protegiendo y alimentando un cáncer social en detrimento directo de los muchos inmigrantes que vienen a poner sus riñones al servicio de la sociedad.
Ha llegado el momento de tomar una decisión incómoda.
¿Protegemos a los inmigrantes o a los delincuentes extranjeros?
Mientras nos decidimos, los delincuentes destrozan nuestras existencias y los fascistas xenófobos toman nuestros ayuntamientos, gobiernan nuestras vidas y se forran con el negocio.

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