BIPARTIDISMO, ALBRICIAS Y CIRCUNSTANCIAS


Hay una verdad que subyace bajo los decibelios del ruido político.
Una verdad amarga, no por su naturaleza intrínseca, sino por nuestra falta de actitud a la hora de reconocer errores.
hacemos buenos análisis y llegamos a las mejores conclusiones, pero a la hora de polarizar lo que está bien y lo que está mal; fallamos como parvularios de primer año.
Hemos agotado paciencia y bilis maldiciendo el bipartidismo, la rotación de poderes, el “y tu más”, la alternancia de mangantes y la hasta la rotación de cultivos.2013-05-13beso
Es lo que tiene el ruido, que uno trata de separar, clasificar y ordenar las palabras y no siempre consigue dar con la clave correcta.
¿Hemos pensado y deducido por nosotros mismos si el bipartidismo es malo o simplemente nos lo hemos creído?
No, simplemente hemos concluído mediante íntima reflexión que lo malo del sistema es esa polarización del voto porque nos lo han dicho, porque nos han convencido.
Así de simple.
No nos han llamado gilipollas en nuestra cara más claramente por guardar las formas, pero creedme, nos lo han llamado.
Y así “ALBRICIAS” encontramos la razón de todas las cosas, la causa raíz de la que emanan todos nuestros males: los sinvergüenzas que nos gobiernan.
Y es un chollo, es perfecto, nos han dado causa, efecto y solución sin que nosotros tengamos que detenernos a recapacitar en nosotros mismos, claro, eso implica cargar con algunas culpas.
Y es que si pensamos en nosotros mismos, en nuestro papel en el estado de las cosas, quizá nos demos cuenta de que el bipartidismo existe por razones directamente relacionadas con nosotros, con la chusma.17762_I_Albricias
Existe el bipartidismo porque nosotros votamos bipartidismo, porque votamos a unos o a otros y porque solo sabemos ser amigos o enemigos; no sabemos ser pragmáticos ni cuando el futuro de nuestros hijos está en juego.
Existe bipartidismo, porque votamos a unos y no a otros.
Existe bipartidismo porque votamos a unos que regalan nuestro voto a otros que no hemos elegido y nos parece bien.
¿Esto hace que el bipartidismo sea malo?
No, lo que hace malo el bipartidismo somos nosotros, la chusma, que justificamos las tropelías de los nuestros y condenamos idénticos actos en todos los demás; porque como os digo, los españoles somos amigos o enemigos, estamos a favor o en contra y no tenemos tiempo para recapacitar si hay opciones para nosotros en el “bando incómodo”, nos negamos a reconocer una buena acción en el contrario y jamás admitiremos una buena idea que no salga del seno de nuestra ideología.
Así somos amigos, somos bipartidistas y eso no nos hace más gilipollas de lo que genéticamente podamos ser, como tampoco nos hace ni mejores ni peores.matrix_red_blue_pill
Al finalizar la anterior dictadura, el bipartidismo en ciernes supo establecer sus intenciones comunes, más o menos espúreas, pero lo lograron.
Aquel bipartidismo también supo crear un terreno y unas reglas de juego adecuado a sus fines comunes y a partir de ahí, iniciar las hostilidades.
¿Qué nos hace pensar que esta vez conseguiremos dejar esta dictadura sin establecer unas nuevas reglas del juego para ese nuevo bipartidismo al que estamos abocados?
¿Qué nos hace pensar que cambiando el escenario sin cambiar a los actores reales, a nosotros y nuestra naturaleza bipolar, vamos a escribir una página menos emborronada de la historia?
Los políticos nos conocen bien y saben como somos, por eso le dan a cada argumento, a cada idea, a cada hecho; carácter de dogma de fe, principio inmaculado, inamovible e imperturbable de nuestro pensamiento y de nuestra opción de voto y su estrategia es la de recordarnos lo que dijimos, como lo dijimos y a quién se lo dijimos; pero nunca, nunca, nunca nos recordarán las circunstancias.YinYang0.jpg8d80a478-7b37-4bb7-858b-6b4d9f4ad527Larger
Porque ese es el quiz de la cuestión, las circunstancias; porque si se mantienen no cambias y si cambian no te mantienes; lo recordarán todo, pero olvidarán las incómodas y peligrosas circunstancias.
Ha llegado la hora de decidir, no solo por quién va a ser nuestro amigo los próximos lustros; sino de decidir quien y en qué términos va a ser nuestro enemigo.
Ha llegado la hora de que asumamos nuestra responsabilidad en vez de esperar héroes enmascarados.
Ha llegado la hora de las consecuencias, la hora en que un acto bueno o malo tenga influencia en nuestra concepción moral del mundo.
Si conseguimos ser la consecuencia en vez de reses votantes; tendremos ese nuevo bipartidismo controlado y seremos, por fin, dueños de nuestras circunstancias.

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