NAVIDAD, IDIOTAS, PETARDOS Y PERROS.


 

No soy un tipo triste de esos que odian las navidades porque tienen que odiar algo, no encuentro una razón objetiva para para tomarme estas fiestas como un agravio cultural de ningún tipo.
De hecho, tengo la absoluta seguridad de que muchas personas que dicen odiar la navidad, lo que realmente odian es el comportamiento que muchos idiotas adoptan durante estas fechas; no las fiestas en si mismas.
Sea como sea, nosotros tenemos la potestad de participer o no del espíritu navideño; podemos sumergirnos y dejarnos llevar o bien podemos dedicarnos a otras cosas y pasar de puntillas rodeando las luces, los besos y los villancicos.
Somos superhéroes y tenemos esa posibilidad.
perro-y-petardosLo malo, como digo, llega cuando te topas con el fundamentalista navideño, el energúmeno que recorre en ocasiones cientos de kilómetros para adquirir toneladas de material pirotécnico que no puede comprar en los comercios habituales por ser prohibido.
Seguro que son capaces de comer mierda por no bajar cuatro escaleras a por una barra de pan, pero son capaces de hacer excursiones de varias horas de coche para comprar petardos.
Petardos que parecen barrenos de minería, cohetes que vuelan y trazan recorridos imposibles antes de explotar delante de tu cara en tu ventana o balcón.
Explosiones terribles a cualquier hora del día que reducen tu confort al mínimo común divisor para solaz y disfrute de ese vecino imbécil que no se corta ni media en golpear airado la pared si pones la música un poco alta el resto del año.
En resumen, debemos apelar a nuestro espíritu navideño en estos días, sonreír mucho, hacer de tripas corazón y aunque caigamos en ciertos momentos en la tentación de desearle al energúmeno pirotécnico que le explote todo su cargamento debajo de la almohada, estamos socialmente obligados a aguantar y esperar que todo pase pronto.
Para nosotros los humanos, la espera es aceptable, incómoda, pero soportable.
Lo malo es que en mi familia, como en la de muchos otros humanos, hay un individuo diferente; un elemento cuyo oído es cinco veces más sensible que el del resto de nosotros.
Un indivíduo para el que una traca, un cohete tras otro o una sucesión de tremendas explosiones es una tortura atroz que le aterroriza.
Ves a tu perro que normalmente es un cabroncete hiperactivo, pasándolo fatal en medio del estruendo, nervioso, buscando desesperadamente un hueco en el que esconderse.
miedoHuye con la cola entre las patas entre violentos temblores, en los momentos de máxima estupidez humana, cuando todos se ponen de acuerdo en torturar a propios y extraños con sus explosiones el perro desespera e intenta saltar a través de las ventanas.
Ves a tu perro como una fiera enjaulada caminar de un lado a otro ladrando, gruñiendo, aullando entre babas y jadeos convulsos, pierde el dominio de su organismo por el terror y orina o defeca sin control.
Solo te tiene a ti como consuelo y se sube al sofá, se pega a su dueño en busca de refugio, para él tu eres su salvación y tu contacto es su lugar seguro.
Por esto digo que no odio la navidad, solo odio a los imbéciles que tengo por vecinos.
Hay una serie de cosas que podemos hacer para facilitar el mal trago a los peludos de la casa.
Habilitar un rincón lo más aislado posible en la casa en el que el animal se pueda sentir seguro es importante para que tenga una referencia a la que acudir en vez de huir despavorido por la calle para terminar debajo de las ruedas de un camión o siendo víctima de las ocurrencias de los animales de dos patas que encuentran divertimento en torturar a los animales de verdad.
Dejar la radio o el televisor encendido, ese sonido amortigua las explosiones del exterior y refuerza la presencia de sus amos, lo asocia a los sonidos del hogar y proporcionan paz al perro.
Es importante que el animal esté relajado en los momentos de máxima concentración pirotécnica como por ejemplo, después de las campanadas de año nuevo, para ello es imprescindible aumentar el tiempo y la intensidad de sus paseos; asegurarnos de que el perro está bien cansado.
trucos_perroSi sabemos más o menos las horas de los bombardeos, sería buena idea darle de comer antes; esto unido al efecto de un buen paseo hará que nuestro peludo caiga de forma natural en un sopor más profundo.
En su refugio pondremos sus juguetes para que pueda morder, descargar el estrés.
También le dejaremos abundante agua fresca y alimento, importante que ese alimento no sea un amasijo de sobras navideñas en un plato apestoso, un poco de humanidad.
No os enfadéis con ellos, nuestra actitud debe ser la de la normalidad esos les hace sentirse seguros, no os hacéis idea de cuanto podemos ayudar a nuestro perro solo con eso, para él eres su líder.
Un truco muy bueno es calmar al perro y premiarlo cuando consiga superar cada estruendo para que lo asocie con algo positivo.
En fin, cuidad de ellos, las fiestas pasarán y vuestros amigos volverán a ser esos cabroncetes hiperactivos que te sacan de la cama a las cinco de la mañana por el resto del año.
Una cosa más.
Imaginad que vuestro perro escapa de casa y no lleva identificación alguna ni está ni chipeado, imaginad lo que le espera.
Poneos al día, este es un buen momento.

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