TRAGANDO SAPOS. ESE MINUTO DE VALENTÍA


Vivimos una de esas épocas límite.
Uno de esos momentos históricos en los que las sociedades cambian, las necesidades cambian y las aspiraciones de los pueblos cambian.
Ante eso solo hay una fuerza que se opone, la de aquellos que se han beneficiado del antiguo estado de las cosas y que se niegan a plantearse ese cambio; el antiguo régimen.
Estos episodios límite son inevitables, siempre terminan por acontecer, la cuestión es que mientras aparecen los actores adecuados y toman decisiones valientes, habremos de soportar el gobierno de los cobardes y esto alargará el sufrimiento de la sociedad cambiante, la tensión, más de lo deseable.
Hay cuatro actores clave en esta función, en la agonía de los cobardes.
FELIPE-TX1. El Rey Felipe VI:
Bastaría un gesto único por parte del monarca, un puñetazo en la mesa y un instante de humanidad por parte del Rey para poner a los políticos corruptos a temblar.
El pueblo español reacciona bien al paternalismo, sabemos que tenemos esa especie de “sana inclinación al olvido” cuando los malos se ponen de nuestra parte.
Será por cansancio, por agotamiento o por servilismo; la realidad es que somos como somos y debemos aceptar el hecho de que si hoy mismo Felipe VI tuviese un gesto de justicia hacia el pueblo, la casa real sería intocable durante las próximas dos o tres generaciones.
Solo separa a la monarquía del amor de su pueblo un minuto de valentía.
pedro_sanchez_seguidores_falsos_twitter2. Pedro Sánchez:
Su caso es exactamente igual al del monarca.
Si hoy mismo el presidente del PSOE decide convulsionar su partido, retorcerlo y escurrirlo.
Si Pedro Sánchez reconduce al PSOE hacia sus principios socialdemócratas, si echa lo que hay que echar al asunto y se carga a base de rodillo al cáncer liberal que infecta a su partido y le da un sopapo a los fascistas del PP, habrá asegurado el acomodo fiel de todos aquellos votos de izquierdas que un día tuvieron y sostendrían con firmeza los que aun le quedan.
Garantizaría su permanencia y daría un lugar firme a su partido.
El pueblo español tenemos especial querencia por los débiles que se hacen fuertes, nos entusiasmamos con los equipos perdedores cuando le pasan la mano por la cara al lider de la liga.
Solo un minuto de valentía separa al PSOE de Pedro Sánchez de aquel esplendor que un día disfrutaron.
albert-rivera-elecciones--644x3623. Albert Rivera:
Para hablar de Albert Rivera hay que hablar de la derecha y para eso, alguien de izquierdas como un servidor debe hacer un profundo ejercicio de prudencia para no caer en dogmas injustos.
Pensar que seremos capaces de cambiar esta sociedad sin contar con la derecha y la izquierda juntos, es caer en la más completa inconsciencia.
La situación límite que vivimos tiene profundos paralelismos con aquel 1978 cuando las fuerzas políticas se encontraron de repente que debían gestionar el futuro de un pueblo agotado; exahusto.
Todos tuvieron que tragar litros de bilis y odio para establecer un nuevo terreno de juego que estableciese límites y normas universales para poder encarar la nueva realidad social que se avecinaba.
Con todas las luces y las sombras que llegaron después, una realidad persiste de todo aquello: estuvieron a la altura, tuvieron su instante de valentía.
¿Qué tiene que ver Albert Rivera con todo aquello?
Todo, lo tiene que ver todo.
Porque en este nuevo escenario, el PP no es la derecha con la que hay que contar, es el régimen al que hay que dejar atrás y Albert Rivera representa esa derecha que debe tragar sapos como los tragó Adolfo Suárez en su día asegurando la legalización del PC de Carrillo.
Y si Albert Rivera tuviese la claridad de ideas suficiente, el compromiso con su país que dice tener y el valor que se le presupone; debería entender la talla política que se le está exigiendo.
Porque se le pide ni más ni menos, que deje de ser un juguete de la corrupción y que se convierta en alternativa real de gobierno para su país.
Con ese minuto de valentía, Albert Rivera se convertiría en dueño y señor de la derecha en España hasta el fin de los tiempos.
pablo-iglesias--575x3234. Pablo Iglesias:
Representa la pregunta correcta, la cuestión molesta que te hace encontrarte con tus contradicciones:
¿Seremos capaces?
Responder a esto es dar sentido a la vida, porque debes asumir tus propias limitaciones, tus valores y tu capacidad de aceptar que esas personas con las que mantienes un duro combate ideológico son imprescindibles para tener éxito en tu misión.
Ha sido el primero en comprender que la lucha hoy no es de izquierdas y derechas; la pelea real está ubicad en el sutil campo temporal, en ese espacio en el que debemos separar el ayer del mañana.
Podemos está en el “aquí y el ahora” y en ese punto, no caben derechas ni izquierdas; es el momento de las personas grandes; es el momento de que los otros actores respondan con su propio minuto de valentía.
Y en la desazón de esa realidad, la condición humana te lleva de un lado al otro del espectro ideológico, cambias, revisas, ajustas; unas veces con tono bronco, otras con excesiva tibieza.
Se trata de poner en la mesa todo lo necesario para dar digno acomodo a los contrincantes, intentar que se sientan bienvenidos a esta nueva partida.
Y con todo esto encima de la mesa, el pueblo espera.
cada día más consciente, cada día más comprometido, cada día más harto.
¿Llegará ese minuto de valentía antes de que el pueblo estalle?
La historia lo dirá.

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